El frío calaba hasta los huesos. Un grado centígrado tal vez no sea muy frío para muchos, pero como hemos tenido que dormir al intemperie, por más rápido que camines no terminas de calentarte.
Yo decidi aplicar el consejo de mamá. En aquellos días hacían un pozo en la tierra en una parte alta, la cubrían con plástico y luego con cartón y periódicos viejos. Desafortunadamente hace mucho que no se imprimen periódicos, yo inprovicé cortando los cartones a la mitad para hacerlos más suaves. No puedo decir que no pase frío, pero por el semblante de los demás, puedo decir que no me fue tan mal.
Después de caminar varias horas cerro arriba a una temperatura de seis grados bajo cero al fin alcance a ver la imagen de la virgen. Mi corazón empezó a palpitar como cuando se conoce el amor por primera vez. Los témpanos de hielo que colgaban de los árboles ya no eran para mí más que adornos de invierno. Llené profundamente mis pulmones con el aire helado y fui feliz un último instante...
Historia corta y dibujo