Te espero en la puerta de la esquina
dónde el techo de madera no rechina
y el árbol seco esconde una carcajada.
Ahí donde las cigarras aún con vida
despiertan con su estridente canto
al fantasma que pasea con su manto.
Y no es cuestión de llanto,
es más bien una señal vacía
que pone en duda si algún día hubo vida..