El más extraño pensamiento me pasó por la mente hace unos días. ¿Qué tal si agarrásemos una gallina, le matásemos, le desplumásemos del todo; desollada o no la trocéacemos y luego cocinásemos su carne y la comiésemos?
No os apresuréis a crucificarme. Y dispensen por habérselo soltado así sin anestesia y sin advertencia. Sé que la idea puede ser chocante y puede parecer, como en efecto parece, contra-natura. Sólo quería preguntarle a alguien que supiese de biología si la carne de pollo es apta para consumo humano. ¿Tendrá acaso algún valor nutricional? ¿Es segur de comer? ¿A qué sabrá?
Debo ir a una biblioteca o buscar en la internet para investigar si hay, por ventura, evidencia en los anales de la historia del consumo humano de carne de pollo ¿Tiene esta práctica antecedentes históricos comprobables?
Imaginémoslo. Podría ser una nueva fuente de proteína animal para la gente. Si se pudiera probar su viabilidad, se pudiese explotar comercialmente. Pero primero es menester convencer al público para que acepte la idea.
Supongo que se ha de hacer primero una seria investigación científica en esta área. Es decir, otros animales comen gallinas ¿no es así? Los zorros matan y consumen gallinas todo el tiempo. Los zorros son mamíferos. Siéndolo también nosotros, no es descabellado pensar que el humano pudiese, llegado el caso, consumir también gallinas o pollos como ellos hacen... me aventuro a suponer. ¿Por qué no? Hay mucha hambre en el mundo. Muchas gentes pudieran aprovechar la proteína extra que se pudiese obtener del pollo. Por supuesto, siempre y cuando se demuestre que es seguro su consumo.
No podemos darnos el lujo de desperdiciar alegremente esta fuente de proteína animal debido a atávicos tabúes.
Debemos superar nuestra miopía gastronómica y tener mente amplia. Vamos. Seguramente ha de saber similar a la carne de res o algo.
Tiempos extremos requieren medidas desesperadas. Es menester, definitivamente, que consideremos la posibilitad de explotar este recurso nutricional y gastronómico que ahora se nos presenta como de perlas. No permitamos, en modo alguno, que ancestrales y anticuados sistemas de creencias o prejuicios culturales nos persuadan de no matar, desplumar y picar en trozos a la gallinas y luego cocinarlas y comérnoslas. Obviamente no hablo de la cabeza o las garras, ¡que no soy un incivilizado bruto! Me refiero a las pechugas, las alas y los muslos. ¡Algo de carne ha de haber allí por los clavos de Cristo! No puede ser TAN diferente de consumir vacas, corderos o puercos.
Imagino que un día, cuando mi voz sea escuchada, como lo será sin duda, existirán restaurantes de comida rápida que expendan comidas basadas en la carne de pollo, surgirá toda una industria alimenticia basada en el pollo y los grandes chefs del mundo inventarán platillos de pollo, y las gentes me recordarán como el visionario que osó traer al mundo, por la vez primera, esta novel idea para el beneficio de la humanidad toda.
Considerémoslo.