El polvo se amontona en el pecho, los latidos impulsan con cada aliento el dolor, dolor que se incrementa a cada segundo, dolor que se transforma en el combustible que impulsa al espíritu a gritar que esta cansado de no ser más que una voz silenciosa y convertirse en un grito que rompa la prisión donde habita cautivo el valor.
Las bestias ríen y bailan mientras amedrentan la esperanza del pigmeo que con coraje lucha por vivir en aquella tierra donde se acostumbra fingir estar muerto, y donde dar otro intento solo significa malgastar el aliento. Y las bestias siguen embistiendo, haciendo crujir los huesos de los sueños. En esa tierra no existe el aire, solo respira un frió humo que hace hervir lo mas profundo de la fe.
Vaya ganas tienen de conocer cuan indefensos pueden ser aquellos que han luchado por no ser absorbidos, y quienes se han enfrentado al miedo que los hace implorar cada día por un suspiro mas de vida.
Nos la van a pagar, gritan las sombras de los que aún se sostienen solo por las ansias de luchar contra sus tiranos, y los arrepentidos abanderados de antiguas ideologías muertas lloran sobre su legado formado por mentiras sin rostro, aquellas que por años los hicieron cuidar el futuro de una utopía maldita.