Mi móvil se llena cada vez más de momentos que se van ahorrando y queriendo salir. Son muchas veces luz y aprendizajes, miramos el color de los espacios y la esencia de las personas que nos rodean. No puedo dejar un día sin escribir, estas letras me sirven de pinturas en lienzos en blanco. Cada nueva visita a lugares quiero dejarlas plasmadas y no perder ninguna fotografía. Gracias Hive por ser mi catálogo inolvidable.
Siempre mi pequeña cómplice que me pregunta si disfruto mi recorrido. Hasta consejos de cómo distribuir mis fotografías en las publicaciones. Su frase: hay que monetizar el viaje, me deja entender que estoy ganando algo. La verdad ganó en experiencias y abrazos. No quiero perder las fotografías que con tanto caminar he atrapado. Me quedan como momentos muy especiales. Que gran oportunidad de ver unos cuantos Picasso, los Dalí o los Miró.
Más todo el recorrido para llegar hasta ellos y mirarlos fijamente como si entendiera algo de arte.
Entramos por un lado y salimos por el otro. Mi entrada por edad mucho más económica como 8 euros y me da para varios días, pero sola soy incapaz de acercarme.
Muchas salas para ver cuatro pisos y 25.000 obras de arte en el Museo Reina Sofía. Pero la joya de la corona, la que detiene el tiempo para todos El Guernica de Pablo Picasso de 1937 que representa el horror de la guerra. Es un lienzo grande de 351 x 782 centímetros. Solo un salón para el.
Que si vale la pena mirarlo por unos instantes, yo creo que sí, es un recordatorio de cosas del pasado captado en elementos blancos y negros, no hay rojo solo muerte.
Tengo una buena guía que me lleva observando las obras y deteniéndonos en las más destacadas por su valor. Todas las salas están vigiladas y cuidadas.
Sigo mirando con ojos de quien ve cosas nuevas en sus libros de historia. Recuerdo la época rosa y la época azul.
No encontramos la rosada pero seguimos mirando grandes autores. Una oportunidad para este año de viaje.
Sigo mirando esa forma de representar el mundo que a veces no entendemos y otras veces parece derretirse ante nuestros ojos.
Algunas llaman mi atención más que otras, un trazado perfecto de formas y colores, sino no estarían aquí.
Me parece casi una ofenza salir delante de ellas pero quiero recordar que estuve allí admirandolas.
Ya se que no soy tan buena fotógrafa, a veces me quedan los cuadros descuadradas pero es la emoción del momento y el largo recorrido del montón de salas.
La sorpresa para mi hija fue encontrarse un Andy Warhol entre las obras.
Llegamos al arte contemporáneo y a las fotografías algunas muy creativas que llamaron mi atención. Pero mi hija se dio cuenta que no me gustó tanto estas salas y que ya estaba un poco cansada.
A los ascensores transparentes y a los jardines centrales de la construcción. En el centro obras como Carmen una gran escultura móvil creada por el artista estadounidense Alexander Calder expuesta en el jardín del edificio Sabatini del museo. Lo sé porque había una joven guía dándole la información a un grupo de niños especiales.
Mi hija me llevo a la tienda donde se compran los recuerdos y allí compramos imanes y luego a la cafetería para que descansará un rato antes de regresarnos.
Yo había leído que venía una marcha hacia el congreso las personas acampadas en Sol venían cerca así que a nuestra salida tomamos otra ruta de regreso aquello estaba lleno de policías esperando la marcha, la gente comentaba que no se podía caminar por allí.
Siempre hay arte por donde mires hasta en un balcón puedes encontrar detalles que hacen resaltar el lugar.
Ahora de regreso al camino de las vías chuchu. Espero no haberlos aburrido con tantas fotografías pero Hive es mi caja fuerte de recuerdos inolvidables, imborrables y espaciales. Que disfruten el viaje.
Nos vemos en el camino del arte, de las comidas o de lo que me toque estas dos últimas semanas.