Me preparó para recibir el año nuevo, no hay casa vecina, que no le falten miembros en la urbanización, eso me entristece un poco y aunque estemos desconsolados saldremos esta noche a dar el feliz año entre vecinos.
Me maquillo un poco, mi hija me llamará y debe verme que estoy bien. A las doce en punto veré algunos vecinos con sus tradicionales maletas, según la costumbre aumentara la posibilidad de viajar en los meses siguientes.
Aquellas vecinas con sus ropas interior de color amarillo otra tradición, color oro, para la prosperidad, esa no podré verlas lo traen debajo, de sus ropas nuevas, pero si lo comentan.
Veo también a vecinos que doblan billetes de dólar y lo meten dentro de sus zapatos.
Disfrute un rato el espectáculo de los fuegos artificiales, a las doce en punto, no fueron tan abundantes como otros años, deben estar muy costosos.
Los perritos son los que más sufrieron, supe al día siguiente de perros extraviados, vueltos locos ante el bullicio. Nano corrió como loco con cada cohetazo por toda la casa.
Este año se vislumbra muy duro para todos. Con inflación galopante y sin control en los precios. Y no es que los venezolanos nos hemos quedado cruzados de brazos, hemos protestado en diversas formas, pero nos han anulado hasta las ganas de vivir.
No sé lo que ocurrirá más adelante, espero poder seguir escribiendo desde esta esquinita, divirtiéndome con los retos y aprendiendo cada día.