Un camino lleno de huellas dolorosas marcadas con lágrimas, con sangre y con recuerdos. Un álbum de fotos imborrables y muchas veces insuperable, dejamos de nuestra vida pedazos a nuestro alrededor que tienen una voz poderosa y que es capaz de borrar la imagen que ofrecemos al mundo de nosotros mismos, pero también esas huellas corroen el alma a tal punto que a veces nos vuelve invisibles. Esta historia está basada en hechos reales; hechos que aun a través del tiempo seguimos ignorando pero que son realmente importante.
Todos merecemos amor, comprensión y apoyo, muchas veces un abrazo, una palabra, una acción puede salvar una vida.
En memoria de todos esos niños huérfanos, de todos esos ancianos que fueron abandonados por sus hijos, por todas aquellas personas que fueron violadas y maltratadas tanto psicológico como físicamente y sobre todo por todas esas personas que cada día se levantan rotas pero que deciden vencer el miedo, el daño y hasta su propia mente. Es momento de ver un poco más allá de nuestra propia vida, de ver y sentir empatía por aquellos que han tenido malos momentos y es que a veces esas huellas quedan marcadas en un ataúd, en una acera o hasta en tu propia casa.
Sentada en alguna acera, en la esquina de una calle cubierta por la luz del faro y el reloj marcando las once de la noche, una brisa fría que me arrullaba y las gotas de lluvia que me cubrían completamente; esa era yo tan solo una chica de veintiún años; sin la menor idea de a dónde ir o que hacer para no sentirme tan sola. Una parte de mi había sido abandonada en una despedida, una que me destrozo el alma en mil pedazos y que cambio mi mundo aun cuando no sabría lo que después acontecería. Tanta hambre y tanto miedo al mismo tiempo, miedo de no volver a ver a aquella persona que amaba, miedo a quedarme estancada desde ese momento y sobretodo miedo a no encontrar el camino a casa.
el miedo se vuelve parte de tu vida.Dicen que la vida no es justa, pero uno decide si levantarse o rendirse ante las situaciones y es que no todos tenemos los mismos caracteres, no todos soportamos las cargas, no todos vencemos y no quiere decir que seamos cobardes o débiles porque ante la depresión la batalla es entre ti y tu mente y no debemos sentirnos mal por caer debemos siempre tener presente que somos humanos y que muchas veces por más que luchemos hay muchos que llegan a la etapa de decir fin. Así mismo en esas decisiones, esas etapas que por motivos horribles han quedado desamparadas muchas personas ellos llevan una vida decisiones difíciles, una de soledad y de pruebas que muchos nosotros ni imaginamos. Muchos de nosotros caminamos por las calles y vemos personas tiradas en los suelos durmiendo con cartones encima de ellos cubriéndolos de la lluvia, con cobijas que huelen horribles y su vestimenta desgarrada y a la vez muchos consumiendo e inhalando pegamentos lo cual llegan a drogarlos. Vemos caminando a aquellas personas y nos apartamos si alguno de ellos se nos acerca y quizás por su mente pasaran algunas dudas como, ¿cómo llegaron a estar así? Mientras que otros dirán buscaron el camino fácil y es echarse a morir, pero muy pocos tendremos en cuenta la historia detrás de la portada que vemos frente a nuestros ojos. Hay historias de las que me he enterado y que me han dejado con la piel erizada mientras que otras me han dado lastima, aunque nadie es digno de recibir lastima, una de esas historias es sobre una chica que una compañera de mi trabajo que conocí muchos años después de lo que aconteció en mi vida. Yaismar aquella chica que vivía relativamente cerca de la oficina donde trabajamos veía a una joven pudiera ser entre dieciséis y diecisiete años de edad , estaba sentada en una acera con un pote de pegamento pegado en la nariz; su apariencia era tan desagradable que teníamos que pasar rápido delante de ella pero hubo algo importante que notamos las dos y es que nos importaba su situación , tanto así que le veíamos cada día que pasábamos y nos hacíamos miles de preguntas y que muchas veces quisiéramos tener respuesta pero no las buscamos.