Enero 16, el día en que salí a buscarlo discretamente. Estúpida y patética, directo al museo que él acostumbra visitar: un lugar mágico, lleno de luces y sombras, ruido, silencio y fantasmas que persiguen a aquellos jóvenes enamorados que no saben que lo están. Pasillos que una vez visitamos y que hoy son solo pasillos, terrazas cálidas que transmiten esperanza, esperanza de volverla a ver. Página 23, después del índice, primer poema: Qué importa la lectura si tal vez hoy lo pueda ver. Página 100, séptimo poema: él no vendrá el día de hoy. Y si lo hizo, entonces no subió a la terraza del museo. Enero 30, misma rutina, distinto libro, distinta ubicación en el mismo museo. Mismo chico. Una semana lo he estado buscado y aún me siento estúpida. Tal vez sea porque sala de audiovisuales no es el mejor lugar para leer pero puede que hoy lo vea. ¿Qué le diría? ¿hola? ¿lo siento?¿te extraño? Aún te cruzas por mi mente de vez en cuando y sé que está mal porque me juré olvidarte, pero sonrío con tu recuerdo. Página 45, después del segundo capítulo, acabo de derramar una pequeña lágrima. Página 120, es hora de irse a casa a descansar. Enero 31, mismo museo, ningún libro en mi mano. Mismo chico. Todos estos días que lo busqué en su lugar favorito no fueron en vano, sin importar que hayan pasado horas, sin importar las veces que el guardia de seguridad me haya echado de alguna sala a la que no debía entrar, hoy sonrío al recordar. Aunque nunca te volveré a ver, te convertiste en poesía que guardada en mi memoria vives hasta el final de las letras.
Escrito por; @rosynesn