Llevaba todo el día intranquila, el desasosiego la invadía y no sabía que hacer. Así que decidió escapar, hacer un viaje que la alejara de todo. De su tedio, su vida sin sentido, sus relaciones fallidas. Preparó su maleta y salió. Tomó la carretera que bordea la costa, el mar siempre la sosegaba y le daba paz. Pero ese día no obró su magia. Así que dejó la costa y se adentró por una carretera secundaria tan larga que se perdía en el horizonte. No sabe por cuántos pueblos pasó, cada uno similar al anterior. Se hacía de noche así que decidió buscar un lugar donde dormir. El pueblo se llamaba Sumidero y tenía bien puesto el nombre. Para llegar tuvo que descender por una carretera sinuosa y mal alumbrada. Llegó a una especie de motel, pidió una habitación y tras poco tiempo se quedó dormida.
El bullicio la despertó , tenía la idea que el campo era un lugar silencioso, pero aquel concierto lo contradecía. Se escuchaba el trinar de la aves, además de vacas, cascos de caballos o algo parecido, ruidos de personas y un sinfín de sonidos que no identificaba. Decidió levantarse y ver que era todo ese ruido. Desde la ventana de la habitación se divisaba todo el pueblo. Era pequeño y rodeado de montañas. Decidió bajar por lo que parecía la calle principal hasta una pequeña plaza, donde algunos comerciantes ordenaban sus productos frescos, casi todos provenientes del campo. Le llamó la atención que fuera tan temprano y todos estuviesen tan atareados. Se alejó del centro del pueblo y paseó por unos sembradíos allí también todos trabajaban, aún así la saludaban al pasar. Caminó hasta que el sol la hizo volver al motel. En su camino de vuelta se percató que muchos habían buscado refugio del sol que a esa hora era implacable .
Ya en el motel se dirigió al bar y pidió un café, estaba sola, así se sentía últimamente aunque estuviera rodeada de personas. Decidió que regresaría esa tarde, necesitaba poner en orden su vida. Su ociosidad la avergonzaba , sus quejas constantes, sus caprichos y su apatía. Todo eso tenía que cambiar. Recogió sus cosas y se marchó. Cuando llegó al final de la carretera volvió a mirar el pueblo que cobraba vida de nuevo. Sonrió esperanzada y se fue.