Desenterrando el Pasado (vivencia fabulada)
Por fin se decidió aquel día a tocar la puerta de mi casa. Una fuerza venida de algún lado la impulsaba a dar ese paso. Alguien le habló de este lugar, pero nunca pensó muy en serio en llegar hasta aquí para decirme algunas cosas que alterarían mi vida sin remedio. La fuerza que la impulsaba a tocar la puerta parecía desvanecerse entre ratos, y la inútil cordura de siempre le hablaba en el idioma del miedo, para disuadirla a través de la vergüenza, para no dar ese paso, que entre ratos veía como una necedad.
Yo la venía observando desde la esquina cerca de mi casa. Cuando metió la mano en su cartera buscando un pañuelo, la sorprendí al preguntarle si me buscaba, pero lo que hice fue asustarla, y se le cayeron unos objetos extraños, parecidos a unas conchas marinas.
Este incidente le desordenó todavía más su ánimo alterado, y al recogerlos, los metió de cualquier modo en la cartera, y dio un paso decidido para alejarse del lugar, cuando la atajé y le pedí que se calmara, que ordenara con cuidado sus pertenencias, porque seguro tenían un gran valor.
¿Ud. es Simon? Sí, el mismo, le respondí. ¿El astrólogo? -insistió-
Bueno, eso intento ser. Yo me adelanté un poco y metí la llave en la cerradura sin darle mayor importancia a lo que había visto, pero ella en cambio se sintió desnuda, descubierta en su secreto más íntimo, pensando -me confesó después- que yo la sindicaría de bruja, o de alguien que vive de supersticiones, por cargar esas reliquias en su cartera.
Estás sudando, le dije, y la invité a pasar para que se refrescara, pensando para mí, que era una consultante referida por alguna persona conocida. Ella entró sin atinar muy bien lo que hacía, y se sentó en una poltrona situada cerca de la entrada mientras hacía que le ponía atención a lo que yo le contaba sobre algunas menudencias, para entrar en confianza, pero en realidad detallaba mi casa con sumo interés, al mismo tiempo que sentía un nerviosismo creciente, por lo familiar que le resultaba cada detalle.
Yo soñé con esta casa más de una vez. Varias veces he venido en sueños, y puedo darle detalles de las cosas que Ud. tiene en cada lugar. Yo la observé con cuidado, para estar seguro que no era una embaucadora, sino una mujer que pudiera tener algunos dones particulares.
¿Puedes asegurar que esta casa es la de tus sueños? Tengo muchos objetos exóticos que no sabrías reconocer. “Si, -respondió firme- allá a la derecha está la cocina, y en la parte trasera hay un jardín”. Así era. Decía la verdad, aunque todavía cabía la opción de que alguien se la hubiera descrito. Se levantó del asiento y comenzó a tocar con mucho cuidado unas piezas en madera que había tallado un amigo artista. “Esta talla la hizo alguien que ha sufrido mucho”, me dijo. Es verdad. -le respondí-
¿Cómo sabes todo eso?
“Lo veo en mis sueños. Desde hace un tiempo me dicen muchas cosas a través de los sueños. No crea que eso me gusta mucho, pero no puedo evitarlo. Esas imágenes son persistentes. Por eso estoy aquí”
¿Y vienes para saber algunas cosas de tu carta astral?
-No. Yo vengo para darle una información que le mandan en mis sueños.
Nunca me había topado con un caso similar. Traté de ser lo más respetuoso posible y escuchar el mensaje que me tenía; sobre todo por la franqueza de aquella muchacha de aspecto indígena, que parecía estar en sus cabales.
“Pero antes de hablarle quiero que usted vea esto que traigo”
sacó una de las piedras, y me pidió que la observara con atención, No sabía qué verle a ese mineral tan común. Traté de captar algún detalle, pero nada. Entonces me pidió que la tocara, que la retuviera en mis manos un buen rato. Así lo hice y se la entregué un poco contrariado por aquella escena sin sentido.
Enseguida, ella la apretó con su mano derecha y la puso en la mesa.
“Tóquela otra vez” -me pidió- Ya la iba a tocar, cundo me advirtió: “cuidado se quema” pero fue tarde su advertencia. Parecía una piedra recién salida de un volcán. Estaba ardiendo y de hecho me quemó la mano.
Estaba desconcertado. Si era un truco lo había hecho bien, y no sabía de qué se trataba. En eso se me ocurrió algo inapelable: la pasé a la cocina y le pedí que calentara igual la piedra volcánica del mortero, y sin dudarlo la apretó como había hecho con la otra piedra, y al momento me pidió que la tocara. Le puse la mano encima y sentí el calor que emanaba.
Ya no tenía dudas de que había algo más que particular en aquella muchacha, y me abrí para que me contara sus sueños con todos los detalles.
“En un principio no sabía de quién se trataba, ni dónde quedaba esta casa. Pero se me ocurrió pedir una orientación y esa noche soñé con un amigo que lo conoce a usted. Unos días después le conté algo de mis sueños sin darle detalles, y me respondió que conocía a alguien que tenía una casa como la que yo veía en mis sueños. Me dijo dónde quedaba, y en seguida vine a ver si era la casa. Claro que era. Eso me alivió mucho, porque entonces no estaba loca, sino que los sueños eran reales, pero me daba miedo, por no saber cómo lo tomaría. He venido varias veces pero no me atrevía a tocar. Si no es porque usted se apareció, me hubiera ido hoy también”.
¿Y qué es eso tan importante que quieres informarme? -Me dicen algo que no entiendo. Que había llegado el momento. Que usted tiene varios planetas reunidos, y que esto es una oportunidad de cambiar para bien la vida de los dos, si quiere hacerlo. (continuará.....)
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