Tú no mereces poesía,
mujer mala, como espina…
no mereces amor, ni odio;
tal vez si merezcas hipocresía.
La poesía no debería de ser entonada por tu voz…
mas al cambio, yo por mi parte, muero sin ella.
Y tú no mereces eso… yo soy un traidor.
yo soy un impostor, de todo lo que siente mi pecho.
Mujer blanca como algodón,
mujer fuerte y recia como un buen licor.
Eres mala, eres rubíes, y eres dolor.
¿Cómo puedo estar tan seguro?
Saber que eres daño,
saber que eres desesperación,
saber que eres todo lo que no necesito,
saber que eres todo lo que necesito para morir.
Soy yo, tuyo, más que de Dios.
Y es mía, la poesía…
¿Y qué hago?
no mereces nada, ni poemas, ni un solo verso.
Y yo deseando tus besos…
es irónico, es paradójico…
es tan tú todo esto…
que empiezo a creer, que lo que siento…
no es mío, ni es sentido desde el pecho.
Eres tú… con tu engaño, con tu deseo…
con ganas de olvidarte, y tú con ganas de vivir conmigo.
Todo esto eres tú, y una mitad de mi poesía se va contigo.
No mereces nada…
maldita Belleza humana.
¿Qué han hecho mis ojos?
que hace que te vea digna…
no lo entiendo, ¿Quién me explica?
¡Por favor! ¿Quién me ayuda?
a entender que no mereces nada.
Y que aun tú siendo tan porquería…
toda la poesía es tuya.
Sabiendo que antes era mía...