Los antisociales le dijeron a la mujer que no llorara que todo iba a estar bien. Uno de ellos se fue mientras el otro la reconfortaba. A los pocos minutos regreso el hombre de la moto y ya ella no estaba llorando, el hombre le entrego una bolsa con pan, jugo y comida para unos días.
Y la llevaron a su casa, ella los invito a pasar les presento a sus tres hijos y se sentaron todos a la mesa a cenar y desde entonces esos dos extraños van de vez en vez donde Ana y ella les prepara una comida caliente. Les habla de la biblia y pide a Dios porque ellos enderecen su camino.
Escrito de mi autoría.