CoreWeave | Tesis de inversión

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CoreWeave a 50 dólares: cuando crecer al 100% exige gastar 35.000 millones

CoreWeave tiene una demanda extraordinaria, contratos con algunos de los nombres más importantes de la inteligencia artificial y unos ingresos que se han duplicado en apenas un año. También tiene alrededor de 50.000 millones de dólares de deuda, pérdidas, un flujo de caja libre profundamente negativo y una necesidad de inversión difícil de comparar con casi cualquier otra empresa que hayamos analizado. Además, al igual que otras empresas relacionadas con IA siempre nos surgen dos variables: Aun sí la industria de la inteligencia artificial sigue creciendo, ¿cuánto de ese crecimiento acabará realmente perteneciendo al accionista?

A esta mesas de análisis, llegan empresas en las que pasamos media tesis intentando averiguar si algún día aparecerán los clientes. Con CoreWeave tenemos casi el problema contrario: los clientes están ahí y parecen dispuestos a comprar prácticamente toda la capacidad que la compañía consiga poner en funcionamiento.

Microsoft, OpenAI, Meta, Anthropic y algunos de los mayores desarrolladores de inteligencia artificial del mundo necesitan cantidades enormes de capacidad informática. CoreWeave ha pasado de facturar apenas unos 16 millones de dólares en 2022 a aproximadamente 7.600 millones durante los últimos doce meses, y para 2026 espera terminar entre 12.400 y 13.200 millones. Crecimientos de este tamaño suelen resolver buena parte de una tesis de inversión, pero aquí no.

Porque para conseguir esos ingresos CoreWeave espera invertir entre 35.000 y 39.000 millones de dólares sólo durante este año.

Y ahí es donde empieza realmente nuestro trabajo.

La tesis que ponemos hoy sobre la mesa de los Cazadores del Profit no consiste en decidir si la demanda de inteligencia artificial es real. A estas alturas resulta bastante difícil discutirlo. Consiste en averiguar si CoreWeave puede convertir esa demanda gigantesca en beneficios y caja suficientes después de pagar los procesadores, los centros de datos, la electricidad y, sobre todo, el dinero que necesita pedir prestado para construir todo aquello.


Qué estamos comprando realmente

CoreWeave tiene un origen bastante peculiar. Nació en 2017 ligada a la minería de criptomonedas y fue transformando su infraestructura cuando sus fundadores descubrieron que los mismos procesadores gráficos que utilizaban para minar podían emplearse de manera mucho más rentable en computación avanzada.

La inteligencia artificial hizo el resto.

Hoy podríamos pensar en CoreWeave como una compañía que construye fábricas de inteligencia artificial y después alquila su capacidad. Compra miles de GPU, procesadores gráficos diseñados para realizar grandes cantidades de cálculos simultáneamente, consigue centros de datos, electricidad, refrigeración y redes de alta velocidad, conecta todo aquello y vende posteriormente la capacidad de cálculo a empresas que necesitan entrenar o ejecutar modelos de IA.

Su posición es diferente a la de Amazon, Microsoft o Google. Los grandes proveedores de nube ofrecen miles de servicios diferentes; CoreWeave se ha especializado desde el principio en las cargas de trabajo más exigentes de inteligencia artificial.

Esa especialización tiene bastante valor hoy porque levantar infraestructura de esta escala no depende únicamente de tener dinero. Hay que conseguir procesadores, suelo, conexiones eléctricas, transformadores, refrigeración, permisos y centros de datos capaces de albergar equipos extremadamente densos.

Cuando el cliente necesita capacidad dentro de seis meses y construirla por su cuenta puede tardar varios años, alguien como CoreWeave se vuelve bastante útil.


El crecimiento es extraordinario, como lo es lo que cuesta producirlo.

Los ingresos cuentan una historia difícil de ignorar. CoreWeave facturó unos 229 millones en 2023, aproximadamente 1.900 millones en 2024 y más de 5.000 millones en 2025. Los últimos doce meses ya rondan los 7.600 millones.

No estamos delante de una compañía intentando convencer al mercado de que algún día existirá demanda. Los clientes están utilizando la infraestructura y pagando por ella.

Además, al cierre de junio la compañía acumulaba aproximadamente 104.000 millones de dólares en contratos pendientes de convertirse en ingresos, y posteriormente anunció compromisos adicionales por más de 25.000 millones. Es una visibilidad de negocio extraordinaria para una compañía que hace apenas unos años prácticamente no existía.

Pero hay una trampa bastante sencilla en estas cifras y es que no podemos comparar 100.000 millones de contratos con una capitalización bursátil cercana a 28.000 millones y concluir que hemos encontrado dinero tirado en el suelo. Antes de poder facturar buena parte de esos contratos, CoreWeave tiene que comprar y poner en funcionamiento la infraestructura que los hará posibles, y supongo que no te sorprenderá cuando te diga que esa infraestructura cuesta una barbaridad.

Buena parte de los contratos obliga al cliente a reservar y pagar una capacidad previamente acordada, incluso aunque finalmente no la utilice completamente. Además, CoreWeave ha conseguido en muchos casos anticipos que ayudan a financiar las instalaciones. Eso reduce bastante el riesgo de construir un centro de datos y después descubrir que nadie lo necesita.

Hasta aquí, bien, pero la preocupación aparece cuando pasamos del contrato a la caja.


El margen bruto ronda actualmente el 67%, una cifra que puede llevarnos a interpretar CoreWeave como si fuera una compañía de programas informáticos con unos cuantos servidores detrás, y la verdad es no lo es.

Una parte enorme del coste de sus procesadores y equipos no aparece inmediatamente dentro del coste de ventas. Se va reconociendo durante varios años mediante depreciaciones, que representan el desgaste económico de esos activos. El día que fui a mi primera clase sobre amortizaciones, entendí que ahí se puede esconder, y de hecho se esconde, gran parte de las “trampas” de los balances de las empresas.

Durante sólo los seis primeros meses de 2026, la depreciación y amortización superó los 2.500 millones de dólares. Ésta es una de las razones por las que debemos tener mucho cuidado con el EBITDA ajustado, el beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. CoreWeave mostró en Q2 alrededor de 1.500 millones de esta métrica, con un margen cercano al 60%. Sobre el papel resulta espectacular.

El problema es que estamos eliminando del cálculo precisamente dos de los mayores costes de este negocio: el envejecimiento de las máquinas y los intereses de la deuda que permitió comprarlas.

En una compañía con pocos activos físicos, el EBITDA puede acercarnos bastante a la generación económica del negocio. En CoreWeave necesita muchos más asteriscos para explicar los detalles.


Una máquina puede seguir funcionando y haberse quedado vieja

Aquí tenemos además un riesgo que no aparecerá claramente en las cuentas hasta dentro de algunos años.

Un edificio industrial puede utilizarse durante décadas. Una GPU puede seguir funcionando perfectamente dentro de cinco años y, sin embargo, haberse vuelto mucho menos atractiva económicamente.

NVIDIA pasó de Hopper a Blackwell y ahora prepara Rubin. Después llegará otra generación.

CoreWeave tiene la ventaja de estar entre los primeros clientes capaces de desplegar la tecnología más reciente, algo muy valioso cuando sus propios clientes quieren utilizar los mejores procesadores disponibles.

Pero esa misma velocidad tecnológica plantea una pregunta para el accionista: ¿durante cuántos años puede cada generación de equipos producir suficiente dinero antes de que el mercado quiera la siguiente?

Si un procesador tiene una vida económica inferior a la que estimamos, parte del beneficio que hoy parece existir simplemente estará compensando la necesidad de sustituirlo mañana.

Por eso la depreciación no es una abstracción contable en esta empresa. Es una aproximación a cuánto se está consumiendo realmente la maquinaria con la que genera sus ingresos.


Y entonces llegamos al gráfico que, para mí, explica mejor CoreWeave que cualquier presentación sobre inteligencia artificial. Durante los últimos doce meses, la compañía generó aproximadamente 6.900 millones de dólares de flujo de caja operativo.

Eso por sí solo sería una buena noticia, pero durante ese mismo periodo gastó alrededor de 20.600 millones en nueva infraestructura y equipos.

El resultado es un flujo de caja libre negativo cercano a 13.700 millones de dólares, esta para mí es la tensión central.

La actividad de CoreWeave ya produce efectivo, pero necesita invertir muchísimo más de lo que genera porque está construyendo hoy la capacidad que espera facturar durante los próximos años.

No hay nada necesariamente malo en ello. Muchas grandes infraestructuras han atravesado fases parecidas, la cuestión es quién financia la diferencia y a qué precio.

Es, en mi opinión, en la parte más delicada de la tesis.


El crecimiento también se está construyendo con deuda

CoreWeave tiene actualmente alrededor de 51.600 millones de dólares de deuda, frente a unos 5.600 millones entre caja e inversiones.

Hace relativamente poco esa deuda era muchísimo menor. La compañía está financiando su expansión mediante bancos, fondos de crédito privado, emisiones de bonos, instrumentos convertibles en acciones y anticipos de clientes.

Mientras los mercados estén dispuestos a proporcionar ese dinero, CoreWeave puede continuar construyendo; el problema aparecería si el coste de ese capital aumenta demasiado y aunque en general el año ha sido malo, durante octubre vimos precisamente como se incremento inquietud.

Algunos bonos de la compañía llegaron a negociarse con rentabilidades de dos dígitos y aumentó con fuerza el precio de asegurar su deuda frente a un posible impago. Eso no significa que CoreWeave esté a punto de quebrar; sería una conclusión exagerada. Sí significa que los acreedores están exigiendo una compensación mucho mayor por prestarle dinero.

-Rafa, ¿otra vez nos vas a hablar del impacto de los bonos en la renta variable?

-No, me conformo con que comprendas que los tipos altos tienen un impacto real no solo en hipotecas, sino en todo el tejido productivo y aun más cuando las empresas requieren fuerte apalancamiento para sus inversiones.

Y eso importa mucho más de lo que parece, ya que para el próximo trimestre la compañía espera un beneficio operativo ajustado de aproximadamente 200–260 millones de dólares, mientras que los gastos financieros podrían situarse entre 860 y 940 millones.

Pero esta claro, que necesitamos que que CoreWeave siga invirtiendo... sería absurdo pedirle precisamente ahora que deje pasar una demanda histórica, sin embargo necesitamos empezar a ver que los ingresos y los beneficios crezcan progresivamente más rápido que la necesidad de nueva deuda.

Hasta que eso ocurra, cada récord de facturación vendrá acompañado de la misma pregunta: cuánto ha costado conseguirlo.


NVIDIA: una ventaja enorme que también crea dependencia

La relación con NVIDIA es probablemente una de las mayores fortalezas de CoreWeave.

La compañía ha conseguido acceso temprano a las generaciones más avanzadas de sus procesadores y se ha convertido en uno de sus socios más importantes dentro de la infraestructura de inteligencia artificial.

NVIDIA, además, no es sólo proveedor, también es accionista, socio tecnológico y, bajo determinadas condiciones, comprador potencial de capacidad.

Existe un acuerdo por el que NVIDIA puede adquirir varios miles de millones de dólares de capacidad que CoreWeave no consiga colocar entre otros clientes. Esto reduce considerablemente el riesgo de construir infraestructura y descubrir después que nadie quiere utilizarla.

Es una ventaja clara, pero también crea una dependencia extraordinaria.

CoreWeave ha construido su infraestructura prácticamente alrededor de NVIDIA. Si el fabricante cambia sus precios, prioridades de suministro o estrategia tecnológica, no resulta sencillo sustituirlo.

Y existe además una cierta “circularidad” que merece seguimiento sin necesidad de convertirla en una teoría conspirativa: NVIDIA vende las máquinas, invierte en CoreWeave y al mismo tiempo garantiza la compra de parte de la capacidad que se genere con esas mismas máquinas.

Esto no significa que la demanda es falsa, pero sí indica que varias piezas del ecosistema están bastante conectadas y cuando todo funciona, esas conexiones aceleran el crecimiento.

Si algún día la cadena se tensiona, también pueden amplificar los problemas.


Los clientes son extraordinarios, pero siguen siendo demasiado pocos

Microsoft, OpenAI, Meta y Anthropic son probablemente algunos de los mejores clientes que puede tener hoy una compañía de infraestructura de inteligencia artificial.

La calidad está fuera de discusión, pero la concentración, no.

En Q2 los tres mayores clientes representaron aproximadamente 36%, 26% y 10% de los ingresos. En conjunto, cerca del 72%, y aunque la situación ha mejorado respecto a los primeros años, cuando un solo cliente dominaba prácticamente el negocio, sigue siendo una concentración enorme.

Y aquí tenemos además una peculiaridad importante: algunos de los mayores clientes de CoreWeave son también compañías que están construyendo cantidades gigantescas de infraestructura propia.

Hoy recurren a CoreWeave porque necesitan más capacidad de la que pueden construir a tiempo.

La pregunta es qué ocurrirá dentro de cinco años.

No creo que Microsoft, Meta o Google vayan a dejar de contratar capacidad externa. Pero tampoco asumiría tranquilamente que dependerán de CoreWeave en la misma proporción ni que estarán dispuestos a pagar siempre los precios actuales.

Éste puede convertirse en uno de los grandes debates de la próxima fase.


CoreWeave necesita ser algo más que un edificio lleno de GPU

Precisamente por eso me parece importante la compra de Weights & Biases, una plataforma utilizada por desarrolladores para entrenar, evaluar y controlar modelos de inteligencia artificial.

La lógica estratégica parece bastante sencilla. Si CoreWeave se limita a comprar procesadores NVIDIA y alquilarlos, tarde o temprano corre el riesgo de competir principalmente por precio. Y cuando varios proveedores ofrecen una infraestructura parecida, eso suele acabar bastante bien para el cliente y bastante peor para los márgenes del proveedor.

Añadir herramientas que los desarrolladores utilicen durante todo el proceso de creación y gestión de modelos hace que abandonar CoreWeave sea más complejo y eso puede convertir una infraestructura en una plataforma.

Probablemente ese es el camino hacia una ventaja competitiva mucho más interesante que simplemente tener acceso temprano a procesadores, pero aun falta demostrar que la integración funciona y que los clientes adoptan esos productos.

Pero estratégicamente es una de las piezas de la historia que más vigilaría.


Después de los procesadores aparece otro recurso escaso: electricidad

La inteligencia artificial puede parecer etérea hasta que uno visita un centro de datos; ahí aparecen edificios enormes, kilómetros de cableado, transformadores, sistemas de refrigeración y un consumo eléctrico comparable al de pequeñas ciudades.

CoreWeave tenía unos 1,5 gigavatios de potencia operativa a mediados de año y posteriormente elevó la capacidad eléctrica contratada hasta aproximadamente 4,2 gigavatios.

Esto puede convertirse en otra ventaja competitiva; no basta con tener dinero para comprar procesadores si no existe electricidad disponible para encenderlos.

Pero también abre un nuevo frente de riesgo. Las comunidades empiezan a cuestionar el impacto de los centros de datos sobre precios eléctricos, agua, infraestructura local y disponibilidad de energía. Hoy mismo, 4 de noviembre, parte de la caída de las compañías relacionadas con centros de datos está vinculada al temor de que ese escrutinio político aumente.

No creo que Estados Unidos vaya a dejar de construir infraestructura para inteligencia artificial, pero sí puede ocurrir es que construirla lleve más tiempo y resulte más caro, y para CoreWeave ambas cosas terminan apareciendo en la misma columna: dinero.


Quién está al volante

Al frente de CoreWeave está Michael Intrator, cofundador, consejero delegado y presidente del consejo. Su trayectoria es bastante diferente de la del típico fundador tecnológico: antes de crear CoreWeave trabajó durante años en mercados de energía y gestionó inversiones relacionadas con gas natural y materias primas.

En realidad encaja bastante bien con la compañía que terminó construyendo.

CoreWeave no consiste únicamente en desarrollar tecnología. Es una gigantesca operación para conseguir y combinar recursos escasos: procesadores, electricidad, centros de datos y financiación.

Ese origen financiero y energético probablemente ayudó a los fundadores a identificar antes que otros que la infraestructura informática podía gestionarse casi como una materia prima.

También puede explicar cierta comodidad con un nivel de endeudamiento que pondría nervioso a más de un directivo tradicional.

Por eso resulta especialmente importante Nitin Agrawal, director financiero desde 2024. Antes pasó por Google Cloud, Amazon Web Services y Mapbox en puestos financieros relacionados precisamente con infraestructura tecnológica.

Me parece un perfil adecuado para la fase actual.

Conseguir clientes ya no parece ser el gran problema de CoreWeave, pero financiar esos clientes sin entregar demasiado valor a los acreedores o a nuevos accionistas probablemente sí lo sea.


La estructura de gobierno también merece atención.

Los fundadores conservan un poder de voto muy elevado gracias a diferentes clases de acciones. Intrator controla cerca del 39% de los votos y, junto con otros ejecutivos y consejeros, el grupo mantiene una mayoría muy amplia.

Eso permite pensar a largo plazo sin estar pendiente de cada trimestre, pero también significa que nosotros, como accionistas externos, tenemos poca capacidad para modificar el rumbo si consideramos que la compañía está asumiendo demasiada deuda.

Y, de momento, tampoco tenemos una señal especialmente positiva desde las compras de los propios directivos.

En los datos que tenemos de los últimos meses aparecen cero compras abiertas de acciones por parte de insiders. Intrator ha vendido paquetes importantes, aunque varias operaciones estaban planificadas con anterioridad y mantiene una participación enorme en la empresa, por lo que no veo aquí una señal alarmante.

Pero después de una caída desde $138 hasta $50, siempre resulta más cómodo encontrar al fundador comprando que vendiendo y eso no está ocurriendo.


La dilución puede convertirse en otro coste del crecimiento

CoreWeave abrió además en septiembre un programa que le permite emitir hasta 35 millones de nuevas acciones gradualmente.

Con algo más de 550 millones actualmente en circulación, no es una cantidad trivial.

La decisión tiene lógica. Si una compañía necesita decenas de miles de millones para seguir construyendo, financiarlo todo mediante deuda podría resultar todavía más peligroso, pero esto introduce otra variable importante para el accionista.

Los ingresos pueden crecer un 100%.

El valor del negocio puede aumentar enormemente.

Y, aun así, nuestra participación puede crecer mucho menos si continuamente aparecen nuevas acciones.

Por eso no me interesa únicamente cuánto será CoreWeave dentro de cinco años, me interesa cuánto de esa CoreWeave futura corresponderá a cada acción que compramos hoy.


Ha caído muchísimo, pero eso no basta para llamarla barata

CoreWeave llegó a cotizar cerca de $138 y hoy ronda los $50 y una caída superior al 60% genera inevitablemente una sensación de oportunidad.

Pero metete esta frase en tu cabeza dura:

el precio anterior no determina el valor actual.

Los datos muestran una capitalización bursátil cercana a $28.000 millones. Si sólo miramos esa cifra y los $7.600 millones de ventas de los últimos doce meses, obtenemos aproximadamente cuatro veces ventas.

Parece barato para una empresa creciendo más del 100%, el problema es que los acreedores también han puesto dinero.

Si añadimos unos $51.600 millones de deuda y restamos aproximadamente $5.600 millones de caja, obtenemos un valor empresarial cercano a $74.000 millones.

El valor empresarial es, simplificando, cuánto costaría económicamente comprar la compañía haciéndonos cargo también de su deuda, y esto sobre las ventas actuales, eso nos lleva más cerca de 10 veces ingresos.

Con los ingresos previstos para 2026, el múltiplo baja hacia aproximadamente seis veces y eso empieza a ser bastante más interesante.

Pero es importante recordar que tampoco estamos comprando una compañía de programas informáticos sin deuda y con enormes márgenes de caja, estamos comprando infraestructura intensiva en capital, con pérdidas y una necesidad todavía gigantesca de financiación.

Por eso mi lectura es sencilla: a $50 CoreWeave es muchísimo más interesante que a $130, pero “más barata” y “barata” siguen siendo palabras diferentes.


Técnicamente tampoco tenemos todavía una confirmación de suelo.

La acción cotiza alrededor de $50, mientras las medias de 20, 50 y 200 sesiones están aproximadamente en $63, $77 y $91 respectivamente. Todas se encuentran por encima del precio y mantienen pendiente negativa; eso describe una tendencia bajista.

El RSI, el indicador que mide la intensidad reciente de las subidas y bajadas y que interpretamos como sobre compra o sobreventa, está alrededor de 32, cerca de zona de sobreventa. Puede producir un rebote importante, especialmente en una acción con muchos inversores apostando a la baja, pero sobreventa no significa necesariamente suelo.

La zona de $49–50 es la primera referencia evidente. Si se pierde, empezaría a mirar inevitablemente hacia los $40, aproximadamente el precio de salida a bolsa.

Por arriba, recuperar $60–63 mejoraría el corto plazo. Volver a superar $75–80 empezaría a cambiar bastante más la estructura.

Hoy tenemos una acción muy castigada, sin embargo aun no veo una acción que haya demostrado haber terminado de caer.


Qué debemos vigilar a partir de ahora

El 10 de noviembre tendremos probablemente los resultados más importantes de CoreWeave desde su salida a bolsa. Y esta vez no me preocupa demasiado si supera el consenso de beneficio por unos centavos.

Lo que necesito comprobar es si la economía del negocio empieza a mejorar al mismo ritmo que sus ingresos.

La demanda ya no necesita ser demostrada, algunos te dirán que lo que necesita es disciplina financiera. Para mí es más sencillo; que los números de ventas crezcan más que el gasto necesario para mantenerlas.


Dos formas muy diferentes de que termine esta historia

El escenario favorable es extraordinariamente atractivo.

Los contratos resultan sólidos, la nueva capacidad entra en funcionamiento a tiempo y los nuevos acuerdos efectivamente proporcionan mejores márgenes. Durante 2027 y 2028 empiezan a producir ingresos los miles de millones invertidos hoy y, poco a poco, los ingresos crecen más rápido que las nuevas necesidades de capital.

La deuda deja entonces de aumentar de forma explosiva, el flujo de caja libre se acerca al equilibrio y el mercado de crédito empieza a confiar más en la estructura financiera.

Si eso ocurre, podríamos descubrir dentro de unos años que el mercado confundió una fase excepcional de inversión con un problema permanentey entonces nos daremos cuenta que $50 era un precio extraordinario.

Pero existe otro escenario que me parece incluso más importante porque no necesita que fracase la inteligencia artificial.

Podemos tener una IA que continúe creciendo muchísimo, una NVIDIA vendiendo todos los procesadores que consiga fabricar y clientes como OpenAI o Meta gastando cantidades cada vez mayores pero CoreWeave puede seguir siendo una inversión mediocre para nosotros.

Bastaría con que cada nuevo dólar de ingresos necesite demasiado capital, la deuda continúe aumentando, los intereses sigan absorbiendo gran parte del beneficio operativo y las nuevas generaciones de GPU obliguen a renovar equipos antes de haber recuperado completamente los anteriores.

Y si además, añadimos emisiones periódicas de acciones y unos clientes gigantes con suficiente poder para negociar precios… la compañía podría terminar facturando 25.000 o 30.000 millones al año y, aun así, haber transferido una parte demasiado grande del valor creado a bancos, bonistas, proveedores de procesadores y nuevos accionistas.

Ése es el riesgo que no aparece cuando simplemente dibujamos la curva de ingresos.


Mi lectura para los Cazadores del Profit

CoreWeave probablemente tenga uno de los crecimientos empresariales más extraordinarios que hemos visto en esta serie de análisis… y precisamente por eso exige más trabajo, no menos.

La demanda parece excepcional. Los clientes son algunos de los mejores que podríamos pedir y la relación con NVIDIA proporciona una ventaja tecnológica difícil de replicar. Además, la compañía ya dispone de contratos suficientes como para tener años de crecimiento prácticamente delante de nosotros.

Pero ninguno de esos datos resuelve todavía la pregunta más importante.

La compañía consume cantidades gigantescas de capital, tiene alrededor de 50.000 millones de deuda y todavía produce un flujo de caja libre profundamente negativo.

Eso significa que el acceso al dinero es parte del producto, aunque no aparezca en la página principal de la web; es por eso que yo no compraría CoreWeave simplemente porque haya caído un 60%, ni porque el consenso de analistas siga viendo precios muy superiores.

La compraría si empezara a convencernos de algo más difícil: que la infraestructura construida hoy puede generar suficiente caja antes de tener que sustituirla, y que la deuda necesaria para construir la siguiente generación crecerá más lentamente que el negocio que la paga.

Si eso empieza a ocurrir, la relación entre el riesgo y la recompensa cambian mucho.

Si no ocurre, podemos encontrarnos ante una de esas historias donde la empresa acierta espectacularmente sobre el futuro y el accionista, curiosamente, no gana tanto como esperaba.

Así que llegamos al 10 de noviembre con una pregunta bastante más interesante que si CoreWeave volverá a crecer al 100%.

Eso casi podemos darlo por descontado.

La pregunta es otra:

después de pagar los procesadores, la electricidad, los centros de datos y a quienes prestaron el dinero para construirlos, ¿cuánto queda realmente para nosotros?

Ahí está la inversión.


Ahora os toca decidir

¿Estamos ante una compañía que está endeudándose agresivamente para aprovechar una oportunidad histórica antes de que el mercado madure?

¿O ante una empresa cuyo crecimiento puede terminar siendo mucho más rentable para sus clientes, proveedores y acreedores que para sus propios accionistas?

Ésa es la discusión que dejaría hoy sobre la mesa de los Cazadores del Profit.

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Os leo en comentarios, y después del 10 de noviembre tendremos bastante más munición para saber de qué lado empieza a caer la respuesta. Recuerda que los suscriptores pro, tienen acceso al chat donde damos seguimiento a los datos y noticias de las empresas analizadas.


Aviso importante

Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y educativa y refleja mi análisis personal de CoreWeave en el momento de publicarlo. No constituye una recomendación de compra, venta o mantenimiento de CRWV ni asesoramiento financiero personalizado.

CoreWeave está expuesta a riesgos especialmente elevados relacionados con deuda, financiación, concentración de clientes, dependencia de NVIDIA, obsolescencia tecnológica, disponibilidad energética, construcción de centros de datos y posible emisión de nuevas acciones.

Las cifras de ingresos, inversión y rentabilidad previstas pueden cambiar significativamente. Antes de invertir, revisa los estados financieros de la compañía y comprueba que una inversión con este nivel de volatilidad y riesgo encaja con tu cartera, horizonte temporal y tolerancia al riesgo.


Publicado originalmente en Substack.

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