Hola. Hoy les traigo unas líneas del texto que llevo a cabo en mis tiempos libres.
Al cruzar ochenta y siete escalones se abre paso entre la pronunciada huella de algo que él solía caracterizar como fugaz y denso, como la humedad en los cerros de la cordillera, cuando alcanzas sus picos altitudinales y atraviesas nubes blancas que dejan el recuerdo de alguna bella línea azul en el horizonte lleno de límites, aire y peces socabados por la ceguera de la condensación generada en los ramales moteados al respirar desde la lejanía que ofrece el cerro, desde la ciudad esa hasta el Waraira.
Entraba a los jardines del edificio siempre atento al lugar en donde puede ocurrir lo que no está esperando, no está atento a un percance en su camino para no tener excusa al presentarse. Camina desde la columna de apartamentos del extremo que da a esa ruta de experiencias hasta la indicada de su hogar; sin caminar más de 10 metros su conciencia se llena de una emoción nada apacible que calienta su cuerpo al imaginar que es él quien está en el lugar del individuo al que esté viendo, esperando facilitar algún esfuerzo en un cuarto de aspecto vulgar con métodos arcaicos que deforman la geometría y el valor de la vida.
¡Hasta la próxima!