Sucedió en una noche sin luna;
gélidos días del mes de mayo
corría una brisa de espanto,
de esas que hielan al Llano.
En la oscuridad de la noche
se oían tenebrosos murmullos,
quejidos, lamentos y llantos,
traía el viento susurrando.
Cerrando puertas y ventanas,
las familias se resguardan.
Los niños duermen temprano;
llegó el alma del oscuro Llano.
Pobre ánima que errante vaga.
Por las noches, esta alma llora;
de larga cabellera es su figura,
de rostro pálido como la luna.
No mires, no preguntes quién es,
no pronuncies siquiera su nombre.
Sabemos que es la temible llorona
que a sus hijos, desesperada invoca.
Niños, jóvenes, adultos y ancianos,
a sus lamentos están acostumbrados;
pero prefieren estar a sano resguardo,
es mejor no despertar al diablo.
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