El desorden que tengo armado
no debe asustarte,
es peor todo luego de la revuelta
que me haces, y yo aun así
solo me dedico a reordenar
en perfecta calma y resignación.
Te pido y pasa por encima
de mis miles de cigarrillos
terminados a medias
y de mis libros de novela rosa
que se encuentran hundidos
en el suelo donde nos desnudamos.
Ven y únete a mis estragos y
disfrutemos juntos de tanto
y de tan poco.
Acompañados de una taza de café.
Reflexiona al terminar de pasar
tu lengua por donde gustes,
y que luego de respirar mi aroma
entumecido;
decidas mirar conmigo un cielo
estrellado que nos guarda el secreto,
y seguro que algo más...
Difiero en que te asustes
con mis extrañas peticiones,
porque así, sincera he de amarte:
con locura y sin resbalones,
sin orden y con mucho olor a tabaco.
Lucho en mi desorden, que realmente yace
en tu lado y aún salta de tu vista,
así como lo hace el supuesto amor
que has destilado de gota en gota
para acentuar mi sufrir...
Autor: Ana Pialejo.