A los nostálgicos
nos ha correspondido
alimentar los cielos
con largos períodos de lluvia.
Aparentamos ir de un lugar a otro
de la tierra errante, domesticados,
ocultando los instintos
entre la muchedumbre
con una mansedumbre falaz.
Los nostálgicos
anidamos en forma de espíritu
por los aires.
A gusto permanecemos en la melancolía,
sudamos, disimulamos, sobrevivimos
el dolor y la fiebre de la vida,
esta incurable enfermedad.