Esta mañana pise tierra maldita. Es un pueblo tan normal a primera vista, tardas en darte cuenta que no hay risas de niños. Aunque abundan las bibliotecas y espacios tranquilos, creo que yo podría vivir aquí. No sé si sea una ley local, pero en el parque puedes tomar alcohol mientras caminas.
Llegué al cuarto del hotel local, al cual no se le alcanzaba a leer el nombre, en la cama había una carta de la madre desesperada que me había contratado con un breve resumen sobre el pueblo, los lugares y sus habitantes. Entre letras, mencionaba que se acercaba el festejo del velo de novia, que es una celebración a una cascada, pues cuentan que aquella cascada salvó al pueblo de la sequía años atrás.
Termino de leer y me dirijo al bar del hotel, pues antes de trabajar, hay que incentivar la imaginación. Entro al bar y resulta ser una barra de madera bastante bonita, donde una chica con ropa holgada me dirigió una mirada sorprendida.