Dicen que el primero de enero es para dormir la resaca; pero el 2 de enero ya hay que estar activo. Este año inicio en victoria para nuestra familia, porque después de años sin hacerlo, nos reunimos en un reencuentro familiar. En esta ocasión además del respectivo sancocho de año nuevo, hicimos una gran jornada de limpieza del jardín de la casa de mis padres. Esta jornada incluyó la poda de las matas, preparación de la tierra de las jardineras, bote de escombros. Después de años sin realizar un encuentro de este tipo, nos dimos cuenta que la naturaleza no perdona, el crecimiento desmedido de árboles y arbustos que impedían una visión de la hermosura de jardín que tenemos en nuestra casa.
Como si fuéramos unos guerreros con nuestras herramienta en mamo levantada al cielo, invocando a los dioses de la agricultura iniciamos la faena. El corte de muchas ramas no solamente por mejorar la belleza del jardín sino por seguridad, ya que algunas ramas pasaban sobre la pared de la cerca perimetral dando a la calle, lo cual podía facilitar la entrada a los delincuentes.
La jornada de limpieza en la casa siempre es un deporte de alto riesgo. En primer lugar por el gran calor y la humedad existente en el jardín, esto nos hizo recordarnos que estamos poco fuera de forma física. En segundo lugar las herramientas estaban algo oxidadas y con poco filo; lo cual dificultaba el trabajo. Y en tercer lugar lo más extremo, lo más difícil de esta jornada fue la repetida frases: Esta es la planta favorita de mi mamá que sembró en 1994, esta planta es de tu papá que la sembró y la trajo de un viaje, esta mata me acuerda cuando ustedes estaban chiquitos,… así sorteamos estas grandes dificultades durante todo el día.
Luego de la ardua jornada de trabajo llegó el mejor momento del día, la mejor recompensa que podemos obtener: El sancocho familiar.
En esta oportunidad para complacer a mi hermano recién llegado, se hizo un cruzado de costillas, lagarto y gallina. Todo un suculento manjar para recuperar fuerzas después del agotador trabajo.
De esta tarea se encargaron mi querida madre, mi esposa y mi sobrina quienes en medio de la algarabía y las risas prepararon todo lo que implica hacer una gran olla de sopa. Ellas se encargaron de las verduras y la sazón de la sopa.
Faltaron algunos miembros de nuestra familia que están fuera del país; pero los invitamos vía WhatsApp para que disfrutaran de nuestra actividad. No hay nada mejor para iniciar un año nuevo que el reencuentro y la unión familiar.