Nuestro día a día es un suceso de eventos estresantes, conocidos como estresores, tales como tomar grandes decisiones, lidiar con personas difíciles, circunstancias adversas, la economía, el tráfico, entre otras, las cuales nos representan un reto diario para mantener la tranquilidad.
Las emociones nos dirigen a un tipo de reacción determinado, podemos estar de buen humor y ofrecerle un café a nuestro jefe, como de mal humor, lo que puede llegar a una confrontación innecesaria que podría tener consecuencias nefastas. Es por ello que tener un buen control emocional es de gran importancia, si nos tomamos un momento para calmarnos, podríamos evitar contestar de mala gana, o incluso actuar con gestos groseros.
Lo que debemos entender es que no es sólo el hecho de manejar las emociones, sino también de curarlas, limpiar aquella herida emocional para que pueda cicatrizar y no seguir trayendo inconvenientes.
Por ejemplo, si vives con una persona que es difícil, con la cual tienes ciertos choques a menudo y hasta te ha sacado de quicio, la solución no es sólo olvidar lo que pasó y al día siguiente levantarte como si nada, ya que esos choques generan una herida que si no se cura podrá llevar a una pelea mucho mayor e incluso llegar a la violencia, generando un desagrado con aquella persona que hará que la convivencia sea imposible.
Soportar los malos hábitos de los demás y luego explotar no es una opción. Tampoco es rendirse y evitar a la persona. Es cuestión de buscar un equilibrio, perdonar realmente lo que pasó, analizar el por qué paso y cambiar nuestro enfoque de las cosas para que realmente si haya un cambio.
Lo más sano que podemos conseguir es un equilibro emocional, cuando algo te moleste, pero no explotes, cuando sientas tristeza, pero no te eches a morir, cuando algo no te salga bien pero no lo mandes todo a la basura… Eso es inteligencia emocional.
“La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarnos de nuestros propios actos y de pensar antes de actuar evitando los juicios prematuros.”
cita.
Es aquí cuando entramos a lo que es higiene emocional. ¿Por qué higiene emocional? Por que las emociones son parte de nosotros, y al igual que un órgano, requieren ser atendidos.
Cuando te expones a una rutina estresante, acumulas emociones negativas que van irritándote y desequilibrando tu estado emocional. En general, nos dejamos llevar por esa corriente de emociones y no hacemos nada hasta que explotamos. Es como si te cortaras o te golpearas y no hicieras nada.
Por lo general te atiendes inmediatamente y te repones si tienes un incidente físico, pero la gente no es consciente de sus estados emocionales y no trata de corregir sus desequilibrios, lo que, con el tiempo, termina derivando en manías, trastornos y síndromes psicológicos de distinto tipo.
"Si alguien coge un virus hemos de utilizar las medidas higiénicas apropiadas. También existe la higiene de las emociones. Por ejemplo, como cuando un impulso destructivo llega, pero demostramos moderación. Eso es higiene emocional."
Cita del libro “La fuerza de la compasión: La enseñanza del Dalai Lama para nuestro mundo”. Daniel Goleman.
Aquellos impulsos destructivos son aquellas malas decisiones o acciones impulsivas que terminan en una situación poco amistosa. Es por ello que tener una estabilidad emocional conduce a una mente estable y sosegada que conlleva a buena toma de decisiones y a una mejor reacción.
La higiene emocional. es entonces, un conjunto de hábitos para mejorar nuestro bienestar emocional, lo que implica una mayor estabilidad mental y física.
Aquí les enumero 3 pasos que los ayudará a reestablecer su balance emocional:
Sea cual sea la situación, debemos tomarnos unos segundos antes de explotar o seguir en el tormento, podría ser inhalar y exhalar, dar un paseo, cambiar de ambiente, irte a un lugar solitario y tranquilo, el punto es aquietar la mente, que aquellas emociones descontroladas encuentren un equilibrio. Se pueden tomar en cuenta los siguientes dos conceptos que pueden ser de gran ayuda:
Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar.
Hacer una retrospectiva objetiva de los hechos que te llevaron al descontrol emocional. Nunca es un único hecho, sino una secuencia de incidentes. Debemos identificar los estresores para ver como luego los evitamos o aprenderlos a manejar.
“¿Qué fue lo que sucedió?
¿Qué fue lo que hizo la otra persona o cual fue la circunstancia la que me llevó a sentirme de esta manera?
¿Por qué llegué a esto?
¿Cuáles fueron las causas de mi estado emocional actual? “
Una manera es dividir la situación en lo que me incomoda y en lo que me beneficia, por ejemplo, me incomoda que mi jefe sea mañoso, que sólo vea lo negativo y se la pase detrás de los demás para corregirlos, pero me beneficia es que este trabajo me queda cerca, me llevo bien con mis compañeros, gano un buen sueldo.
Esto es importante ya que lo negativo te ayuda a marcar tus limitaciones, a identificar que es lo que no te gusta, lo que puedes tolerar y o que no, lo que vuelve esa situación un problema, y lo positivo te ayuda a ver que no todo es malo, que hay cosas que valen la pena rescatar y que descontrolarte de esa manera puede hacerte perder aquello por lo que has luchado.
¿Vale la pena medidas extremas para solventar esta situación o se puede hacer pequeños cambios que beneficien a ambas partes?
La manera en la que reaccionas a circunstancias adversas, es un buen punto de partida en el autoanálisis. Gran cantidad de veces nos sentimos molestos e incómodos con nosotros mismos por ciertas reacciones y acciones de las cuales nos arrepentimos, ¿cómo puedo evitarlas o arreglar lo que he hecho? Analizarnos es un proceso maravilloso que nos ayuda a descubrir nuestras debilidades y fortalezas, lo que nos lleva a saber nuestros límites y cómo comportarnos ante ellos. Si, por ejemplo, sé que me irrita mucho las personas muy quejonas entonces debo tomar medidas: alejarme de ellas, y si es inevitable, aprender a darles las vueltas para evitar futuros conflictos. Si no me gusta que abusen de mi gentileza, aprende a decir no, sí sé que esa actitud me hace molestar, comentarle a la persona mi incomodidad para llegar a un acuerdo y tener una mejor convivencia.
Quizás el paso más importante. Lo que desequilibra alas personas no son los hechos que le suceden, ni las ideas a las que se exponen, sino como las interpretan.
Hacer ajustes en la perspectiva de las cosas es vital porque es realmente lo único que puedes efectivamente cambiar, no puedes cambiar a las personas, tampoco la circunstancia en la que estás, pero si tu forma de ver las cosas.
Analizar la situación con objetividad, ponerte en los zapatos de un tercero y ver la situación desde lejos, ¿cómo te ves a ti desde otro ángulo? ¿realmente eres paciente? ¿estás haciendo las cosas bien? ¿La ora persona es tan mala como crees o estas exagerando? ¿La situación es tan grave como pensabas o puede verse mejor?
Modificar los conceptos que están erróneos.
Es una rutina interior consciente. La mayoría sólo se deja llevar por las emociones que les induce el contexto, ocasionando reacciones y decisiones de la cuales nos arrepentimos. Podemos seguir explotando o tomar una vía por la cual tengamos una mejor convivencia con los demás y con nosotros mismos, tú decides, la felicidad no es cuestión de la circunstancia o de las personas que nos rodean, sino una cuestión de como vemos las cosas. La felicidad es una decisión, no una circunstancia.
Espero que este artículo les haya servido.
¡Un abrazo!