Prenda gastada y oscura, es la chaqueta que uso para visitar un muerto, ella no asiste a otra ocasión, que no sea la de un ritual fúnebre, en el closet, en una esquina sola convive, no tiene amigas, a veces esta de temporada, en otras ocasiones solo el polvo es quien la visita. Era mi chaqueta favorita, me guardaba del frio y me daba presencia, hasta que una madrugada camino al trabajo un delincuente quiso despojarme del poco dinero y de mi chaqueta, forcejee y con el cuchillo que siempre llevaba en el bolsillo, le aseste una puñalada al bandido, al querer ver el rostro de aquel sujeto, me di cuenta que era mi sobrino.
No quise botarla porque fue un regalo de mi madre, pero como la desgracia la impregnó ahora solo queda para ensombrecer y engalanar la visita de los muertos.