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El sonido del alma es tan elevado metafóricamente hablando que es comparable con el destello de luz que recibimos al nacer, porque nos enfrenta a una realidad inocultable que es la primera impresión física con la existencia misma
Nuestra alma es el único vínculo que nos une antes de nacer, mientras vivimos y después que trascendemos fuera de este plano terrenal.
Además de ese manifiesto tan considerable y preponderante nuestras almas se comunican entre sí, brindándonos una serie de llamados imposible de objetar, como lo es el amor a primera vista o el amor que nace sin realmente saber el porqué.
Nos vemos atraídos hacia lo desconocido, o lo que jamás podamos conocer a sabiendas que es solo una expresión platónica pero que nos hace vibrar intensamente y hasta generarnos situaciones intimas superiores que las del contacto físico.
Es ese toque sutil que hace que nuestras fibras más esenciales se conmuevan o se estremezcan rompiendo barreras establecidas en nuestro orden racional.
Nada queda sujeto a lo que suponíamos cuando ese sonido se hace piel en nuestra piel y cuando hablo de sonido hablo del choque de almas, que para quien lo desconoce solo es mera suposición lo que expreso, con la salvedad que tal vez en esta vida lo vivan y comprendan que es sentir plenamente este bello encuentro con esa alma, muchas veces nombrada gemela…
Es ese choque con lo desconocido que impacta lo más recodito de las fibras de nuestra piel y nos eleva hasta un punto incapaz de describirlo con el vocabulario humano, ya que es parte viviente de lo sagrado, que nos envuelve.