This content was muted by Cervantes moderators for not following community guidelines.
-Anoche preferí no interrumpirlo, pero te juro que me preocupé.
Al principio leía el libro de siempre, se podría decir que lo hacía con devoción, hasta que en un momento lo cerró y permaneció tieso mirando hacia afuera como queriendo divisar algo muy lejano.
Estuvo así más de una hora, después se sirvió un whisky y con marcada lentitud lo bebió cerca de la ventana sin que sus ojos regresaran de aquél paraje tan distante.
Estaba abstraído, noté que no registraba mi presencia y me quedé en silencio, mirándolo. Se comportaba como cuando se sentía en soledad.
De pronto con marcada decisión fue al escritorio y comenzó a escribir compulsivamente, y una a una luego de romperlas fue arrojando al cesto las hojas de sus intentos, tras eso, bastante contrariado regresó al sillón para retomar esa novela que desde hace tanto tiempo lee todas las noches.
Rompió el silencio preguntando
-¿Andas por ahí?
-Sí aquí estoy, qué necesitas?
-Quería avisarte que mañana saldré temprano, pero no quiero que me acompañes. No te ofendas por favor, es que necesito estar solo.
-De acuerdo, como gustes -le respondí y continuó con la lectura.
-Y amiga, no me digas que lo dejaste ir solo?
-De ninguna manera, pero él cree que sí. Lo seguí con disimulo, viajamos en colectivo, luego caminamos hasta la esquina de una confitería, allí, como buscando a alguien miró reiteradas veces las mesas más cercanas a la vidriera, de pronto cerró los ojos y una suave sonrisa le iluminó el rostro. Recién entonces lo vi relajado, no sé cómo explicarte...pero fue algo así como si una música milagrosa le hubiera besado el alma.
Permaneció así unos minutos, algo dijo, pero no puedo precisar qué fue. Sabes, tuve la sensación de haber escuchado la voz de su corazón, eso duró tan solo unos instantes y por fin regresamos a paso lento.
En un momento creí que me había descubierto, fue cuando dejó de caminar para encender un cigarrillo y el repentino paso de un micro impidió que le llegara la luz del sol. Casi en un grito dijo
-Te advertí que quería estar solo -Cuando comprobó que nada tuve que ver con esa oscuridad pasajera, siguió caminando como si nada, y sigilosa volví tras él.
El sol radiaba más de la cuenta y el calor era agobiante, por suerte al llegar al boulevard se detuvo bajo uno de los frondosos árboles. Al fresco de su amparo, descansamos un largo rato.
Cuando entró a la casa creyendo que permanecí ahí esperándolo, soltó en voz alta
-Amor, llegué -y agregó- ya mismo abriré todas las ventanas. Debes sentir mucho calor.
-Dime amiga, ¿le preguntaste dónde fue?
-No, no, para nada. La primera condición que puso aquel día, fue respetar nuestros silencios.
Desde que pactamos el acuerdo hablamos de muchas cosas, sin embargo para algunos temas sigue siendo muy reservado.
-Amiga, ¿lo quieres mucho verdad?
-Qué duda tienes, ¡cómo no quererlo!
-Tienes suerte amiga... hablas con él, sales a la calle, te invita a tomar café, comparten muchas cosas. Tienes suerte en ser su sombra, en cambio yo, del sillón no puedo esperar nada.