CRONICA DE UNA PÉRDIDA INESPERADA

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Me encuentro aquí
sentado alrededor del verde gramado,
y la fría brisa de mayo
entumece mi cuerpo,
haciéndolo vibrar aceleradamente
como el latir de mi corazón;
Todos mis sentidos se unen
con cientos de suspiros de tristeza,
que se combinan con el fuerte viento
desconsolador de irremediables luchas y esperanzas
en la que estuve contigo.

Se diluyen mis días con tu inesperada ausencia,
ahora,
cada mañana cuando despierte
observaré que no estarás a mi lado;
En la casa reinara la soledad
en la que tú misma batallaste con tus alegrías,
y en las que también evitabas
que ella conviviera
en nuestro territorio lleno de paz.

Ante mis ojos
observo como deshojan los árboles,
detrás de aquellos árboles
se oculta los ángeles del silencio,
esos seres celestiales que no pudieron evitar tu partida;
La impotencia que crecía en ellos
se manifestaba con su resplandeciente brillo de pureza,
lentamente
va desapareciendo la tarde a mis espaldas
y aparece la noche ante mis ojos,
la copiosa lluvia que no cesaba,
se confunde con mis lágrimas
que caen derramadas
en esta lapida sellada con tu nombre,
mi ensordecedor llanto que se escucha
en el lugar de la desolación,
asusta a los lobos nocturnos moribundos
que merodean en busca de refugio.

Deseo por sólo unos instantes
respondieras a mis preguntas:
¿Qué haré cada mañana
cuando el sol esté brillando
si tú no estás aquí?
¿Cómo haré para eludir la soledad
que pronto partirá para asecharme?
¿Qué le diré a la noche
cuando no estés?
entonces
la luna se dará cuenta de tu ausencia,
y no volverá a brillar en el balcón
donde manifestamos todo nuestro amor.

Me imagino que cada día
sembraré miles de semillas de preguntas
que se refleja como las estrellas,
y con el transcurrir del tiempo
crecerá con tu ascenso
al cielo de mis respuestas.

N. J. Pallottini V.

CRONICA DE UNA PÉRDIDA INESPERADA | Ecency