Y viene el lobo...
_En las próximas horas vienen a salvarnos, dijo el hombre que pasaba por la plaza.
_Y en dónde escuchaste eso, preguntó uno que estaba sentado allí, viendo pasar el tiempo.
_Lo dijeron en la radio. Lo supe porque eso es lo que se escucha en las calles del pueblo de donde vengo. Dicen que lo dijo la radio.
Todos se quedaron viendo al hombre, sin embargo no dijeron nada ni tampoco se movieron. No era la primera vez que llegaba la noticia de que vendrían a salvarlos. Desde hacía años escuchaban lo mismo: que si vienen por mar, por la costa y los buques son grandes para que entren todos. También por aire han dicho: misiles, aviones invisibles que llegarán hasta el enemigo y solo serán vistos cuando ya estén adentro. Al principio el pueblo gritaba de júbilo y no dormía en días esperando la llegada, pero ahora no. La desesperanza es algo que también se aprende.
_Y que ya apresaron al número 2 del ejército y cantó. El final de todo ha llegado, dice el recién llegado de manera enérgica.
La gente continúa callada mirando la tierra árida del campo, la tierra inútil del campo. Para eso también habían servido aquellos cantos de sirena. Los hombres al principio sembraban y recolectaban una o dos cebollas, pero cuando empezó la noticia de que vendrían a salvarlos, dejaron la tierra abandonada sabiendo que pronto se irían o vendría algo bueno. Y ni una cosa ni la otra. Grandes hectáreas de tierra ociosa eran parte de toda una población que espera.
_Ya dieron la orden y al parecer han acordonada la frontera. Ahora esperan la orden para arremeter, dice el hombre emocionado.
Algunos hombres alzan la cabeza y miran al que habla con una mezcla de dejadez y sorpresa. Cuando llegaron las primeras noticias de la invasión, el pueblo se dividió en dos grandes partes: lo que estaban a favor y los que estaban en contra. Semanas pasaron en pleito antes de que llegara la supuesta ayuda. También hicieron sus propias armas: palos, piedras, metales y cabuyas. Pero a las armas empezaron a caerle polvo y los ánimos comenzaron a apaciguarse. Y la ayuda jamás llegó, y todo volvió a ser igual o peor, ya nadie lo sabe.
_Vienen a salvarnos, vienen a salvarnos, repite el hombre como en un eco mientras emprende su marcha.
Un aire caliente por el ambiente pasa y deja entre los hombre un sentimiento de desesperanza. ¿Cómo se ayuda a aquel, que ni el mismo se salva? Los hombres lo miran alejarse y no es un déjà vu o un sueño, aquella escena la han vivido antes.