Vaguada (Relato corto)

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Vaguada

Las casas, el país, los fueron desalojando poco a poco. Cada vez se sentían más extraños en aquellas paredes, en aquellas calles, en aquellas ciudades que les causaban tanta indiferencia. Ya no se reconocían en los ojos de los transeúntes con los que se topaban, ya no les dolían los escombros en los que se había convertido el país. Ese desapego hacía el tránsito más difícil, pero también hacía que la permanencia fuera más compleja, desnaturalizada, feroz. Había en la existencia de cada uno algo de estrecho, de burbuja impenetrable, que hablaba de resistencia y sobrevivencia, no de vida.

:=:O:=:

Un día agarraron lo poco que les quedaba, y uno a uno comenzó a salir de aquella pesadilla aterradora que ya llevaba tantos años. Acompañados por los recuerdos, dirigieron sus pasos a otros espacios que fueran más compasivos y más libres: un lugar parecido al que una vez tuvieron. Las nostalgias, las historias personales, iban dobladas en una cajita del tamaño de un corazón, pero los grandes sueños, pospuestos y fermentados, los arropaban y les daban aliento.

:=:O:=:

Con los ojos fijos al horizonte comenzaron la marcha. Eran muchos, miles, millones los que caminaban cruzando fronteras como si de un cuarto a otro se tratara. Lo hicieron por aire, por mar o por tierra, dejando solitarias las casas. En un punto, el hilo umbilical se tensó: tenían las raíces a los pies atadas.

:=:O:=:

Con tristeza e impotencia se desprendieron de las amarras y en la acción huérfana miraron a sus espaldas: la gente salía del país convertida en río, o tal vez en vaguada, porque mientras caminaban de espalda a sus casas, un llanto incontenible corría por sus caras. Ay, pobre país rico, que se queda sin su gente y sin nada.

HASTA UNA PRÓXIMA HISTORIA, AMIGOS

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