Un terco amor
Se habían conocido sin saber que sus padres eran enemigos y como si en la vida real se llamasen Romeo y Julieta, se enamoraron. Al principio fue un amor de niños, de manos sudadas y agarradas, y besitos de piquito. Para no ser descubiertos, denunciados o vendidos, guardaron su amor de la mirada de los otros, por eso buscaron un escondite.
Así crecieron y con ellos su amor, lejos de la mirada de todos. Un valle lleno de gramas fue el lugar perfecto para estar solos. Allí, todas las tardes, en secreto se unían lejos de indiscretos ojos, para charlar y reír de una cosa o de todo; pero un día se besaron más profundo y se abrazaron como locos, y la pasión creció como crecen los lirios rojos.
Dicen que el amor ocultar no se puede y fue eso lo que pasó: las familias en conflicto, al enterarse, sin miramiento, los separó. De nada valió llanto ni clemencia ni pedir por favor: A ella la encerraron en un cuarto, a él lo montaron en un avión. Separarlos, para los padres, fue la mejor solución. El tiempo haría lo suyo acabando con aquel amor.
Los años pasaron y el amor de aquellos jóvenes, de la mente de todos se borró. Ella, como quisieron sus padres, con otro hombre se casó y él, en otro mundo, en otra parte, en esposo se convirtió. Lo que nadie supo y de lo que nadie se enteró, fue que cada noche, en sus sueños, aquellos dos jóvenes, distantes los dos, seguían amándose sobre aquel manto de gramas que les servía de colchón.
>ox0xo<
Así crecieron y con ellos su amor, lejos de la mirada de todos. Un valle lleno de gramas fue el lugar perfecto para estar solos. Allí, todas las tardes, en secreto se unían lejos de indiscretos ojos, para charlar y reír de una cosa o de todo; pero un día se besaron más profundo y se abrazaron como locos, y la pasión creció como crecen los lirios rojos.
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Dicen que el amor ocultar no se puede y fue eso lo que pasó: las familias en conflicto, al enterarse, sin miramiento, los separó. De nada valió llanto ni clemencia ni pedir por favor: A ella la encerraron en un cuarto, a él lo montaron en un avión. Separarlos, para los padres, fue la mejor solución. El tiempo haría lo suyo acabando con aquel amor.
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Los años pasaron y el amor de aquellos jóvenes, de la mente de todos se borró. Ella, como quisieron sus padres, con otro hombre se casó y él, en otro mundo, en otra parte, en esposo se convirtió. Lo que nadie supo y de lo que nadie se enteró, fue que cada noche, en sus sueños, aquellos dos jóvenes, distantes los dos, seguían amándose sobre aquel manto de gramas que les servía de colchón.