Como tampoco estuvieron preparados para cuando Eugenia dijo que estaba embarazada. Eugenia, una chica de 16 años, bonita, que viaja dos veces al año para Europa porque su papá es español y ella tiene nacionalidad española. Eugenia, que aunque no es la mejor estudiante, asiste a uno de los mejores colegios privados de la ciudad. Eugenia, con su cutis blanco como una asiática, con su cabello castaño y ojos marrones, había salido embarazada.
Lo peor no fue que saliera embarazada, sino que lo ocultara. Mamá fue quien se dio cuenta y la enfrentó. Eugenia tuvo que confesarlo. Lo que sí no confesó fue el nombre del hombre que estuvo con ella. Mamá gritó, insultó, le dio un patatús. Eugenia lloró porque ella siempre llora. Pero nada del nombre del muchacho. A la semana, mamá vino primero con unos escarpines, luego con un monito y después con el cochecito. La vida en la casa volvía a la normalidad.
Ahora estamos esperando a que llegue la enfermera. Mamá y tía están ansiosas, expectantes, frenéticas. Aunque no dijeron nada cuando preguntaron por el padre de la criatura. Se hicieron las locas o deben ser los nervios, pero se quedaron calladas. Ya mamá arregló la cama y yo he puesto los globos azules y el cartel decorado que dice: Bienvenido, Harry. El bebé se llamará Harry, como el príncipe, el hijo de Lady Di.
Se ha abierto la puerta y un par de camilleros traen a Eugenia que está muy pálida. Cómo pálida se ha puesto madre y tía que ven con estupor entre pecho y los brazos pálidos de Eugenia un niño oscuro y lustroso como la miel.
La tía no dice nada, nadie dice nada. Madre a penas balbucea:
_Es grande para ser un niño de 7 meses.
Y la enfermera como si nada, deja caer:
_¿Quién dijo que tiene7? ¡Es un niño de 9 meses!
Y madre y tía que palidecen, que se miran, que bajan la mirada; y Eugenia que mira a su niño pegado a su pecho y larga el llanto. Ella llora porque sabe que siempre le ha funcionado llorar.