Ni Virgilio ni Flavia escucharon las advertencias que le hicieron los del pueblo: "En aquella casa ocurrían cosas extrañas". Se mudaron cuando Flavia tenía 7 meses de embarazo y ellos dos años de matrimonio. Ilusionados, se instalaron en aquella casa que ya estaba completamente amueblada y que habían comprado a precio de gallina flaca.
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A los pocos días de instalados, Virgilio llevó de emergencia a Flavia, quien estaba presentando dolores de parto. Aunque los médicos hicieron lo imposible, el niño murió. Desde ese instante, para Flavia y Virgilio todo cambió. Más eran las veces que Flavia se la pasaba encerrada en su cuarto llorando y Virgilio en su oficina, que las veces que estaban juntos.
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Una vez, Virgilio le comentó a su esposa que escuchaba voces en su cabeza, que cuando trataba de dormir, era peor, porque cuando estaba a punto de conciliar el sueño, escuchaba que alguien le hablaba al oído. Estos constantes murmullos hicieron que Virgilio se aislara más en su oficina y en sí mismo.
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Una noche de invierno, Virgilio llamó a la policía. Cuando los agentes llegaron, encontraron el cuerpo inerte de Flavia en la cama y a su lado, Virgilio mirándose las manos flacas y pálidas. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, Virgilio le dijo a los hombres que la voz le había dicho que el bebé que había muerto, tenía hambre, y estaba llamando a su madre.
HASTA UNA PRÓXIMA HISTORIA, AMIGOS
Susurros al oído (Relato corto) | Ecency
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