Sueños infantiles
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Con este era el segundo cliente del día y Peruchito trabajaba rápido para poder caerle a Don Emilio y a Don Antonio, clientes fijos, quienes leían el periódico mientras tomaban el café de la mañana. Aunque era probable que Don Emilio lo esperara, Don Antonio no, ya que era un hombre muy ocupado y siempre andaba apurado. Así que cuando terminó con su segundo cliente se sintió con mucha suerte al ver que los dos hombres aún estaban sentados en el café.
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Eran más de las 10 cuando terminó de lustrarle los zapatos a Don Emilio, quien como siempre le había dejado algunas monedas de propina. Contaba las monedas Peruchito cuando vio que algunos niños jugaban a la pelota y como hormiga atraída por la miel, el niño se acercó a ver si podía jugar con ellos. Los niños le pasaron el balón a Peruchito quien dejó sus implementos de trabajo a un lado y empezó a maniobrar y correr con la esfera. Como todo un experto, Peruchito buscó el balón, realizó pases a sus compañeros e hizo goles en varias oportunidades. Aunque los otros niños lo superaban en tamaño, Peruchito era muy hábil y veloz.
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Cuando el juego terminó y los otros niños se fueron, Peruchito todo sudado, pero feliz, volvió a su trabajo. En una esquina, un hombre que lo había visto jugar lo llamó para que le limpiara los zapatos. Peruchito inmediatamente comenzó su faena silbando y de manera diestra. En eso estaba cuando el hombre le preguntó: ¿Qué te gustaría ser cuando seas grande, niño? Y Peruchito, como si lo hubiese pensado antes, contestó inmediatamente con una sonrisa en los labios:
_El mejor limpiador de zapatos del mundo.