Sin salirnos de la raya
_"Es usted una persona muy creativa. Necesitamos de personas como usted, para llevar este proyecto hacia adelante".
Habían sido las palabras del dueño de la empresa al momento de firmar el contrato. Feliz por aquel acuerdo millonario, Faviana salió de la oficina con ganas de llamar a su maestra de primaria, Amanda, y decirle que a veces había que salirse de las líneas.
Tendría Faviana como 7 años cuando la maestra Amanda pidió que hicieran una tarjeta para el día de las madres. Faviana había dibujado una casa, un paisaje y una muñeca con muchos colores. Cuando la maestra vio aquel dibujo, empezó a señalarle cuáles eran, según ella, los errores que había cometido: "Te saliste de la raya, el sol debe ser amarillo, el cielo azul y los árboles verdes. Debes hacer el dibujo nuevamente, había sentenciado mirando a Faviana con ojos inquisitivos. Al final Faviana hizo el dibujo que la maestra quería, pero no el que ella había querido dibujar.
Cuando Faviana salió de la oficina de su jefe, con el contrato millonario, recordó no solo a su maestra de primaria, sino las muchas veces que sus padres la obligaron a hacer lo que hacían los otros o cómo la misma sociedad la juzgaba cuando se atrevía a ser diferente: cuando se atrevía a salirse de los límites impuestos.
Así como Faviana, todos, alguna vez, hemos sentido que nos obligan a hacer cosas solo porque es el "deber ser". Como en un juego, salirse de la raya no es permitido: debemos seguir patrones, normas. La sociedad necesita personas ordenadas, iguales, obedientes, que sigan líneas: "¿Por qué piensas así, por qué te vistes de esa manera, por qué no eres normal?, preguntan insistentemente. Si bien es cierto que esto puede garantizar cierto orden, algo de control, también puede mutilar impulsos, iniciativas, creatividades. ¿Por qué un sol no puede ser rosado para alguien? ¿Por qué llaman loco al que es capaz de decir que hay mares naranjas y lunas cuadradas?
La historia está llena de personajes famosos que fueron considerados locos, desadaptados en su momento y fueron marginados por la sociedad por el simple hecho de insistir en hacer las cosas a su manera, de crear métodos diferentes, no seguir la fórmula de otros. Esos personajes, que se atrevieron a salirse de las líneas, nos enseñaron que los criterios de enseñanza que predican la sociedad y la escuela, la misma familia, son muy rígidos, obsoletos y excluyentes. ¿Por qué hay que pintar el cielo siempre azul si hemos visto como a veces se tiñe de rojo, amarillo, naranja?
Mientras escribo, pienso que cuando somos niños dibujamos apasionadamente, con ferocidad, utilizando todos los colores de manera ilimitada. Pero a medida que crecemos, maduramos, vamos intentando no salirnos de la raya, utilizando los colores con mesura. Un niño puede salirse de la raya mientras dibuja, una persona adulta no. Se presume que cuando crecemos vamos perdiendo esa rebeldía de hacer cosas diferentes y tal vez sea cierto. Tal vez estamos dibujando el dibujo que todos quieren que dibujemos y no aquel que vibra en nuestra alma. Tal vez estamos viviendo sin salirnos de la raya...