Sin salida
Hay lugares a los que nunca deberías ir porque después que llegas a ellos, ya no puedes salir y si sales, es ya muerto. Como me ocurrió a mí cuando llegué a "Las Peonías", cerca del caserío "Las sombras". Antes de emprender mi viaje la gente me advirtió: "No vayas, mira que la gente habla mucho de lo que ocurre en la casa de tu abuelo." Pero como yo soy terco, emprendí mi viaje.
Abuelo me había dejado su casa como herencia. Mi intención, desde el primer momento, era venderla y comprarme un apartamento en la ciudad. Desde mi llegada vi todo muy extraño: poca gente en las calles, casas cerradas y destruidas, árboles deshojados y raquíticos como si vivieran en una permanente sequía.
El día que llegué a casa estaba tan cansado que cuando caí en la cama, me sumergí en un profundo sueño. Al día siguiente sí fue diferente: eran las 12 de la noche y no podía conciliar el sueño. Eran las 3 de la madrugada cuando vi que una sombra pasaba de un cuarto a otro como buscando algo. Como tenía un crucifijo, salí con él y lo puse frente a mi rostro. Cuando entré al último cuarto, la sombra estaba allí, largó una carcajada y se fue huyendo.
Desde ese día esta casa se ha llenado de sombras que merodean por los cuartos y se ríen cuando llega la noche. Ellas dicen que yo me he convertido en una de ellas y debe ser así, porque he intentado salir varias veces de esta casa e irme de este pueblo, y no puedo.
oiIi:x:iIio
Abuelo me había dejado su casa como herencia. Mi intención, desde el primer momento, era venderla y comprarme un apartamento en la ciudad. Desde mi llegada vi todo muy extraño: poca gente en las calles, casas cerradas y destruidas, árboles deshojados y raquíticos como si vivieran en una permanente sequía.
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El día que llegué a casa estaba tan cansado que cuando caí en la cama, me sumergí en un profundo sueño. Al día siguiente sí fue diferente: eran las 12 de la noche y no podía conciliar el sueño. Eran las 3 de la madrugada cuando vi que una sombra pasaba de un cuarto a otro como buscando algo. Como tenía un crucifijo, salí con él y lo puse frente a mi rostro. Cuando entré al último cuarto, la sombra estaba allí, largó una carcajada y se fue huyendo.
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Desde ese día esta casa se ha llenado de sombras que merodean por los cuartos y se ríen cuando llega la noche. Ellas dicen que yo me he convertido en una de ellas y debe ser así, porque he intentado salir varias veces de esta casa e irme de este pueblo, y no puedo.