Punto y aparte
Ya las plazas sabían de ella. También los parques, las calles, las madrugadas. Las esquinas sabían su nombre y las aceras de su andar nocturno. Pero cuando ella vio aquel hombre sentado en aquel banco, sintió que era ella a quien él estaba esperando y sin decirle nada, se sentó a su lado. De repente, como si la vida pesara, sintió un cansancio.
Intercambiaron una, dos o tres preguntas y luego hablaron de ella. De su niñez abandonada, de sus relaciones truncadas y de la vida dura. Ella temió ser rechazada, al final de cuenta, la gente juzga. Pero él la miró como se miran los amaneceres: como si no se pudieran ver más nunca.
Temió ella de su pasado, de ese saco pesado que le hablaba en la nuca. No era joven ni inocente, su cuerpo sabía de medidas justas. Por primera vez sintió miedo de lo que había sido y sobre ella misma cayó la culpa. Quiso devolver el tiempo, arrepentida, pero las cosas vividas, sean buenas o malas, no se devuelven nunca.
Entonces llamó al hombre punto y aparte: a partir de él quería ser otra. No podía borrar ni cambiar lo vivido, pero sí podía comenzar de nuevo como lo hacen las olas. Y comenzó una nueva historia, con voz diferente y tonalidades rosas. Porque aun al final de la tarde y a última hora, el amor cambia en diamante lo que muchos creyeron que era una vulgar roca.
=o>:0:<o=
Intercambiaron una, dos o tres preguntas y luego hablaron de ella. De su niñez abandonada, de sus relaciones truncadas y de la vida dura. Ella temió ser rechazada, al final de cuenta, la gente juzga. Pero él la miró como se miran los amaneceres: como si no se pudieran ver más nunca.
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Temió ella de su pasado, de ese saco pesado que le hablaba en la nuca. No era joven ni inocente, su cuerpo sabía de medidas justas. Por primera vez sintió miedo de lo que había sido y sobre ella misma cayó la culpa. Quiso devolver el tiempo, arrepentida, pero las cosas vividas, sean buenas o malas, no se devuelven nunca.
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Entonces llamó al hombre punto y aparte: a partir de él quería ser otra. No podía borrar ni cambiar lo vivido, pero sí podía comenzar de nuevo como lo hacen las olas. Y comenzó una nueva historia, con voz diferente y tonalidades rosas. Porque aun al final de la tarde y a última hora, el amor cambia en diamante lo que muchos creyeron que era una vulgar roca.