Preguntas retóricas
_¿Y tú me sigues queriendo?
El hombre guardó silencio por un instante; luego, como si lo que saliera le raspara la garganta, le dijo:
_Tal vez, Claudia, en la vida he sido torpe en muchas cosas, como la vez que traté de acomodarte tus sandalias preferidas y terminé rompiéndolas. O como la vez que traté de sorprenderte con tu postre preferido y se me cayó en mitad de la sala. He sido muy torpe. Como aquel día que te llevé al mar porque creí que te gustaba y tú saliste corriendo porque te asustaron las olas. Recuerdo que el viaje duró tres horas y solo 10 minutos duramos en la playa. Recuerdo que en el viaje de regreso venías tan cansada, a pesar de que yo era el que venía manejando, que apoyaste tu cabeza en mi hombro y allí te dormiste.
_Tal vez, Claudia, he sido un egoísta porque la vez que me dijiste para ahorrar para comprarnos la casita, yo preferí hacer el viaje de tu sueño. Cuando me pediste que remodelara solo el closet, yo preferí remodelar toda la casa. Anota: torpe y egoísta y quejón, porque eso sí, Claudia, me quejo cada día. Me quejo cuando te pregunto qué pasó con tu alegría, dónde escondiste tu risa, qué se hicieron tus abrazos, dónde dejaste olvidados mis besos. Porque son mis besos los que se te extraviaron, los de los otros aún están en tu boca.
La mujer bajó la mirada y el hombre nuevamente quedó callado. La brisa era fría, llegaba el otoño y aunque uno al lado del otro, la distancia dolía. Como un cuchillo, las palabras de la mujer cortaron el silencio:
_Pero no me contestaste: ¿Todavía me quieres?
Ahora fue el hombre quien largó un suspiro, largo y sonoro, y dijo cansado y triste:
_ La pregunta aquí, Claudia, no es si yo todavía te quiero, porque tú sabes la respuesta. La pregunta aquí es si tú has dejado de quererme…