Nana para las muñecas
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Con los días tuve que ir al trabajo y cada vez que regresaba, encontraba a Camila en el cuarto de la bebé. Al principio no dije nada, pero llegó un momento en el que me preocupé. Camila no solo no comía ni dormía, sino que pasaba horas jugando con las muñecas. Mañana y tarde, le cantaba canciones de cuna, mientras las mecía entre sus brazos. Llamé a médicos y familiares, y todos me dijeron que era normal, que entendiera su sufrimiento, que pronto le pasaría. Pero no, Camila cada día se ponía peor.
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A los dos meses de la muerte de la bebé, vi como Camila comenzó a pasear con una de las muñecas por la sala. Le hice ver que era una muñeca, pero Camila se puso a llorar y entonces me sentí tan mal por ella, que le dije, para calmarla: ok, es nuestra bebé. Y Camila siguió por la casa, riendo, hablando bajito, meciendo su cuerpo, cantando la canción de cuna que seguramente había soñado cantarle a nuestra hija ya muerta.
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Luego de meses, una noche, mientras dormía, escuché que en mitad de la oscuridad alguien hablaba. Aún no sé si estaba despierto cuando vi a Camila sentada en el borde de la cama dándole el pecho a la muñeca. Cuando me incorporé, Camila volteó a verme y solo dijo: mira, mami, tu papá; y entonces vi cómo la muñeca volteaba el rostro y me sonreía, y la sonrisa era idéntica a la de nuestra bebé.