Mi balcón con flores
Dijo el hombre con la copa alzada:
_En mis brazos, las mujeres fueron todas unas reinas, pero incapaces de aguantar al potro desbocado que era yo, que no aguantaba rejas. Quise, amé, y me amaron y me quisieron, pero así como vinieron, también se alejaron; y jamás hubo en mí ni tristezas ni reclamos, solo la certeza de que así era el amor: a veces cerquita de mí y a veces lejano. Recuerdo un día, siendo yo pequeño fuimos en familia para nuestra casa de campo, y mientras subía a un árbol y escuchaba los pájaros cantando, vi a lo lejos una mujer en un balcón lleno de flores que estaba regando. Y así como de la nada, me quedé pensando: qué bonito sería tener una casa con un balcón lleno de flores y una esposa que pase los días cuidándolo.
_Hoy que estoy cumpliendo 50 años, la vida quiso hacerme el más insólito de los regalos. Hoy me desperté temprano y fui a comprar víveres porque en la noche celebraría con ustedes no solo los 50 años sino otra noticia importante en mi vida. Y entre una lata y un paquete dispuestos en los estantes, allí vi a la mujer que seguramente controlaría a este potro desbocado. Perfecta, risueña, hermosa, con una sonrisa de mil amores, la vi nítida: sería la mujer perfecta de mis balcones. Pero no le dije nada y salí con la más grande de las tristezas. Yo que siempre había apostado a la velocidad, hoy quise que mi vida empezara a transcurrir en cámara lenta.
_Y por qué no le dijiste nada –dijo uno de los asistentes.
_Porque así será de irónica la vida y a veces hasta un mal chiste. En el momento que he encontrado el amor, me ha tocado la muerte. Y esa era la otra noticia que hoy quería ofrecerles.