La renuncia del hermano
Cada vez que tenían que jugar entre ellos, el hermano mayor se la ingeniaba para quedarse con la mayor cantidad de juguetes, con los más espectaculares llenos de luces y sonidos, mientras que el menor, tal vez por su tamaño, poca agilidad o por su edad, a veces se quedaba con los más viejos, rotos y hasta llegó a quedarse con las manos vacías.
De la misma manera ocurría con la comida. El hermano mayor corría y tomaba los platos más llenos, las frutas más jugosas, las raciones más grandes. El hermano menor casi no podía correr porque se cansaba y comenzaba a toser o perdía el aliento. Así que tenía que conformarse con lo que le dejara el hermano en la mesa.
Cierto día, llevaron al hermano pequeño al médico. De allí, los padres regresaron con la cara larga y el cuerpo encorvado: una pequeña nube gris se presentía en el horizonte. Para el hermano mayor aquello no pasó desapercibido y no descansó hasta descubrir el motivo de aquella tristeza.
A partir de ese momento, el hermano mayor juega con su hermano pequeño y hasta le ha regalado todos sus juguetes. También le ofrece los mejores bocados y alimentos. A veces, cuando lo ve cansado, lo lleva cargado como si él fuera un alazán y su hermano un jinete. El hermano menor le dice a sus padres que gracias a su enfermedad ahora su hermano mayor lo quiere y que él, a pesar de todo, es un niño con mucha suerte.
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De la misma manera ocurría con la comida. El hermano mayor corría y tomaba los platos más llenos, las frutas más jugosas, las raciones más grandes. El hermano menor casi no podía correr porque se cansaba y comenzaba a toser o perdía el aliento. Así que tenía que conformarse con lo que le dejara el hermano en la mesa.
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Cierto día, llevaron al hermano pequeño al médico. De allí, los padres regresaron con la cara larga y el cuerpo encorvado: una pequeña nube gris se presentía en el horizonte. Para el hermano mayor aquello no pasó desapercibido y no descansó hasta descubrir el motivo de aquella tristeza.
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A partir de ese momento, el hermano mayor juega con su hermano pequeño y hasta le ha regalado todos sus juguetes. También le ofrece los mejores bocados y alimentos. A veces, cuando lo ve cansado, lo lleva cargado como si él fuera un alazán y su hermano un jinete. El hermano menor le dice a sus padres que gracias a su enfermedad ahora su hermano mayor lo quiere y que él, a pesar de todo, es un niño con mucha suerte.