La corta vida de los ángeles
Desde que escuché a mamá y a papá hablar de mi enfermedad y decir que yo me iba y les pregunté que para dónde me iba, y ellos me dijeron que para el cielo, me la paso mirando hacia arriba, imaginando cómo puede ser eso.
A mamá no le he querido preguntar mucho porque cada vez que le pregunto, no me contesta y se esconde para llorar. Ella cree que yo no sé, pero sí sé, especialmente cuando se mete al baño o al cuarto, y es cuando yo voy calladito y pongo la oreja en la puerta. Aunque mamá llora bajito, yo la escucho. Ella llora mucho. A papá tampoco le digo nada porque él siempre me llama campeón y en verdad no quiero que él sepa que a veces tengo un poco de miedo de irme al cielo solo.
Lo bueno de estar enfermo es que te dan todo lo que tú pides. El primer día que fuimos al médico, al salir de la consulta, papá me compró un helado enorme. Mamá me lo dejó comer y mira que ella siempre está diciendo y que las lombrices, la gripe, que si patatín y patatán, pero ese día, aunque tenía los ojos tristes, se puso muy contenta cuando yo brinqué al ver mi helado. Mientras yo me comía el helado, ellos me veían como si yo tuviera la boca sucia, pero era lo de la enfermedad.
También Sergio, mi hermano mayor, ha cambiado conmigo. Al principio me hacía llorar mucho, pero ahora ni se molesta cuando yo tomo prestada algunas de sus cosas. En estos días le dije: me siento mal, me duele la panza. Y él se acercó y me dijo: tranquilo, seguro es que comiste muy rápido y la comida te cayó mal. ¿Te busco agua? Y me fue a buscar agua. Yo sé que no es la comida sino la enfermedad, pero dejé que me fuera a buscar agua. Cuando regresó tenía los ojos rojos. Aquí en casa todo el mundo anda con los ojos rojos. Ellos dicen que es una alergia, pero yo sé que no.
Otras de las ventajas de estar enfermo es que no voy al colegio. Cuando amanezco con dolor en la panza, mamá llama a la maestra y no voy. El mes pasado solo fui dos días y papá tuvo que irme a buscar porque me dio un sofocón y me vomité. A mí me dio mucha pena porque quien me limpió fue la maestra Ángela y ella es tan bonita. Una vez yo soñé que la maestra Ángela iba conmigo a la playa y yo era grande y era novio de ella. Por eso me dio mucha pena que ella me viera vomitar. Pero papá dijo que no importaba, que la maestra Ángela lo hacía con cariño. Yo le iba a preguntar cómo limpiar vómito se podía hacer con cariño, pero me quedé dormido y después se me olvidó.
Aquí estoy sentadito viendo para el cielo. ¿Qué tan largo puede ser el viaje hasta allá? ¿Cuándo sabré que tengo que irme? ¿Papá, mamá y Sergio me llevarán hasta cierto punto y después alguien vendrá a buscarme? Papá y mamá me dicen que no haga tantas preguntas y que descanse. Yo en estos días me metí en internet para ver cómo era eso de irse al cielo y había muchas palabras que no entendía. Yo creo que le voy a decir a papá y a mamá que realmente no quiero ir al cielo, que aquello puede ser muy bonito y todo, pero que yo no quiero viajar solo y prefiero quedarme con ellos.