La casa del que se fue...

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La casa del que se fue

Allí está, la arruinada casa familiar que ya no tiene inquilinos. La devastación confirma un estado de olvido, huérfana de afectos. Adentro los penosos colores son el confinamiento de alimañas y arbustos. La fachada miserable es un simple recordatorio de la indiferencia y de las continuas movilizaciones, travesías, que han emprendido los que estuvieron aquí y que ya se fueron.

La puerta está rota porque ya nadie entra por ella. Todos salen, despavoridos de la casa y de la ciudad. Los paisajes foráneos humedecen los ojos cansados de ver miseria y llanto. No parpadean al salir, tampoco se intrigan saber si regresarán, ni cómo ni cuándo. Se van, sin mirar atrás, para morir en la distancia desprendida y no conocer el ocaso. Dejan los espacios familiares, la casa que es herida, jamás cicatriz, rasgadura que ocultan en los solitarios días de los siguientes años.

La casa sin alma se cae, sin provocar espanto, sin dolientes. Los transeúntes, sin detener sus pasos, pasan a su lado diariamente. Como ella, miles, escombros de un pasado que es presente. Como las tumbas sin visitante, la casa se cae sin nadie adentro, porque hasta los fantasmas que la habitaban ya se fueron bien lejos, con el silencio sepulcral del que se muere de miedo.

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS

*La fotografía fue tomada con mi celular Blu C4CO5Ou. Android dua

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