Isabelita
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_Isabelita se hizo grande y como árbol, ante nuestros ojos, floreció. Si antes resaltaba por su belleza y su carisma, ahora era una sensualidad de fruta fresca, una ferocidad de leona enjaulada, un vaivén de mares revueltos. A su paso, mientras saludaba a todo el mundo con una sonrisa que bien le hubiese hecho publicidad a la Colgate, la gente respondía con tanta efusividad que el cuerpo nos quedaba temblando. Era como si la simple imagen de Isabelita transmitiera un regocijo que solo, imagino yo, deben dar los ángeles.
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_Recuerdo que una tarde se me acercó para decirme que necesitaba que le fiara unas cosas para llevar a casa. No hubo en la bodega quien no quisiera pagarle las cuentas, quien no se preocupara por sus deudas, pero Isabelita, sonriente se disculpó y dio las gracias y dijo que no, que sus padres tenían cómo pagarlas. Ese día se posó en una nube, sentimos que Isabelita era una montaña alta.
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Pero un día, vimos cómo Isabelita comenzó a apagarse, a perder ese donaire, esa belleza que la hacía diferente. Ya no había en ella aquella luz brillante que opacaba a las otras mujeres y como de la nada comenzó a ser como ellas. Adiós a los sueños que pudo haber alcanzado, a las metas que pudo haber logrado. En fin, todos estuvimos errados...
_Y qué fue lo que le pasó a Isabelita
_Se enamoró