Ella floreció nuevamente
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Decidida, hoy se ha puesto frente al espejo y contra todo pronóstico se ha mirado de frente: soy un escombro, piensa, mientras una gran certidumbre hace un toldo en su cara. Pasa la mano lentamente por su mejilla, por su cuerpo, su alma: todo está hecho pedazos. Así es la vida de todos los que saltan de los trenes en marcha, piensa, y en sus ojos no hay arrepentimiento ni juicios, solo la tristeza que deja la decadencia.
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Tuvo tantos amores que arruinaron e infringieron su propia voz que se acostumbró a estar callada. Ahora el duelo, no de los amores idos, sino de la palabra perdida la hacen reír desafinada. Mira nuevamente su rostro y sonríe. Se reconcilia con su rostro que es una metáfora de su vida: cada arruga es una grieta del árbol, un camino lleno de huellas y espinas.
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Allí, frente al espejo, se lava el rostro de tanta lluvia y agua empozada. Una suave luz le da brillo y le sonroja la cara. Recoge su cabello con cintas de colores y ya no tiene el aspecto de una casa abandonada. . . Indiscutiblemente, vuelve a ser una mujer seducida por la vida, de ella salen hermosas y frondosas ramas.