El valle de los juguetes perdidos
No soy lo que debería ser. Yo fui una niña como muchas, de las que jugaba cada tarde a la rueda y me llenaba los zapatos de arena. Plastilinas y creyones, muñecas y peluches llenaban mi cuarto, ese que al final nunca será refugio para mi padre y donde aún se escuchan los gritos de mi voz, como si fueran un eco interminable. Yo que fui una niña de azul y rosa dispuesta a conquistar castillos ilusorios, matar dragones, veo que mis zapatillas quedaron vacías.
De donde estoy, donde aún permanezco, miro mi imagen antigua y revivo la noche en la que se rompió el cielo. El crujir de mi cuerpo roto es la vergüenza de un Dios que se quedó dormido. Las horas de aquella noche permanecen a la altura del misterio. Solo yo, mi padre y Dios somos testigos de las sombras que duermen y asustan en los espejos. Cuando llegaron los otros, yo ya no estaba allí, aunque estuviera mi cuerpo.
No soy lo que debería ser y especialmente después de aquello. A los pies de la casa dejé vestigios de lo que fui, y llegaron las moscas y las mariposas se fueron. Comenzaron la bulla de los grillos y poco a poco sobre mis juguetes las arañas tejieron. ¿En cual historia se dice que los juguetes hablan? En esta historia los juguetes guardaron silencio.
En este instante no soy lo que debería ser. Yo debería ser una niña, pero…
HASTA UNA PRÓXIMA HISTORIA, AMIGOS
*La fotografía fue tomada con mi celular Blu C4CO5Ou. Android dua y trabajada en Canva