El vaivén de las espigas (Relato corto)

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El vaivén de las espigas

La mañana olía a flores y a frutas, también a limpio, a agua jabonosa. La muchacha lavaba en el río la ropa que llevaba en un cesto de mimbre. Sus manos expertas restregaban con fuerza las prendas de tela. Un pequeño vestido cubría su cuerpo y el agua cristalina bañaba sus piernas. Alzó la cabeza cuando escuchó que alguien se acercaba. Unos ojos dominantes se posaron en ella. Al verlos, su cuerpo tembló, como tiembla el agua con la lluvia.

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El hombre preguntó algo casi en un susurro y entrecerró los ojos como esperando una respuesta. A la muchacha, cuando habló, le temblaban los labios y el pecho. Con una mano quitó el cabello que caía en el rostro y con la otra sostuvo la prenda mojada. Así, entre preguntas y respuestas, pasaron la tarde el forastero y la muchacha. Él, debajo de un árbol, a la sombra de las ramas; ella, dentro del río, sintiendo entre sus piernas correr el agua.

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Como lobo de paso, el hombre tiene una tierna ferocidad en sus gestos. Sus palabras penetran en la piel de la muchacha y su corazón canta. La melodía de su voz es como la de una cigarra que embriaga las noches de sonidos, insomnios, delirios, mariposas en la garganta. El forastero la mira y le habla, con cada susurro, la muchacha se vuelve agua, y se turba y se sonroja como una luna rosada.

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Cuando el forastero se marchó con la promesa de volver luego, la muchacha bajó los ojos con temor a que fuesen un espejo. Lavó la ropa rapidito y toda la metió nuevamente en el cesto. Se lo puso en un costado y tomó el camino de regreso. Cuando pasó por el maizal, las espigas acariciaron su cuerpo. Estremecida y agitada, la muchacha sintió de nuevo un pocito de agua entre las piernas y un olor a fruta agria en el viento.

HASTA UNA NUEVA OPORTUNIDAD, AMIGOS

El vaivén de las espigas (Relato corto) | Ecency