El temor a escribir
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Una semana antes del viaje, Esteban llegó a su casa con otros compañeros con los que pasó toda la tarde y parte de la noche. Anita estuvo merodeando y tratando de ver lo que hacían los jóvenes. En una de esas se acercó al hermano mayor y le preguntó con toda la inocencia del mundo qué hacían. El hermano contestó que solo escribían y efectivamente, allí, encima de muchas cartulinas de colores, los muchachos trazaban, subrayaban, ponían letras.
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Al día siguiente de aquello, la policía irrumpió en la casa de los Ramírez llevándose a Esteban preso y confiscando todas las pancartas hechas por los chicos. En medio del caos y la zozobra, la angustia y el miedo de los padres era evidente, pero el pavor y los temblores de Anita eran preocupantes. La niña, sin saber qué hacer, lloraba desgarradoramente y pedía a gritos que soltaran a su hermano.
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Con la ayuda de abogados, Esteban salió libre y los padres, tratando de evitar males mayores, se alejaron de la ciudad y se llevaron a los chicos al campo. Ahí, cabizbajo, Esteban pasaba los días triste, metido en un pensamiento y en silencio. Un día, Anita se le acercó a su hermano mayor y con mucha madurez le dijo: Tengo mucho miedo, Esteban. Y el hermano extrañado le preguntó: ¿A qué? La niña lo miró de frente y algo temblorosa: Tengo miedo a aprender a escribir. Escribir es peligroso.