El olor de la caña de azúcar

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El olor de la caña de azúcar

El sonido del trapiche venía de la parte posterior de la casa grande. Cuando llegaron a la hacienda, se quitaron las sandalias en un gesto de libertad y salvajismo. La muchacha mayor brincó hacia el río que quedaba cerca y todas las demás corrieron detrás de ella. Cantaron, rieron y aspiraron el aire de los verdes, con las ropas húmedas en aquella mañana soleada y fresca. Cuando las jóvenes volvieron a la casa, un muchacho trigueño, flaco y alto estaba en la estancia llevando el jugo que había extraído de las cañas y al verlas les sonrió, con unos dientes parejitos, relucientes de nácar.

A partir de ese instante aquel muchacho las acompañó no solo a sus habituales actividades juveniles sino que era parte de las apacibles conversaciones sobre los cándidos temas del campo: que si el río amaneció crecido, que si la leche de la vaca Dolores, que vamos a montar a caballo, que recojamos de mañanita las flores. Sobre el letargo del mediodía, comparten debajo de un árbol los jóvenes: la grama verde crecida, el olor de la caña y las mariposas de colores. En el centro está él, la voz de aquel que se hace hombre y alrededor, ellas, temblorosos helechos que crecen con los soles.

Las muchachas se levantaban con luz en las pupilas y un tímido revuelo que las hacía nuevamente niñas. Se empujaban, se reían con coquetería cuando veían al joven, traer al mediodía el jugo de la caña que refresca los calores. Ellas, con breve agitación, bebían con fruición el néctar que hasta ese momento desconocían. La musicalidad de sus risas invadía la casa y más allá de los portones: corrían, jugaban, saltaban, para ellas era clarito el horizonte. Horas de júbilos deslumbraban aquellos días, cuando todas las hojas de los árboles bajo el sol ardían.

El verano se fue y entonces comenzó la usencia. Ya no más risa en la casa, ni más temblor en las espigas. Los pies descalzos del joven siguen en el trapiche. Desde allí el olor de la caña de azúcar solo atrae a las hormigas.

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS

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