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Luego de bajarse de su caballo, el muchacho fue a la puerta de la casa señalada y tocó. Salió un hombre maduro de unos cuantos años. Inmediatamente el hombre preguntó: "¿Usted es Maximiliano Silva?" Ante la respuesta afirmativa, el joven respondió: "Yo soy su hijo. Yo soy Lorenzo Sánchez, hijo de Josefa Sánchez, la mujer que usted abandonó".
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Maximiliano quedó tieso, pálido, asustado. El muchacho continuó sin moverse de la entrada de la casa: "Cuando pequeño, pasé hambre. Mi mamá, aunque trabajaba, no llevaba suficiente comida para la casa, por eso me vi en la obligación de salir a la calle y hacer cosas malas. Cuando tuve hijos, también los abandoné como usted. Sin embargo, quiero cambiar eso y es por ello que he venido hasta aquí, para decirle que lo perdono y que voy a dejar de hacer cosas malas para volver con mis hijos".
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Luego de aquellas palabras, el muchacho montó su caballo y se fue por donde vino. A la mañana siguiente, unos policías llegaron al pueblo buscando a un hombre que iba en un caballo negro. Todos dijeron que fueran a la comisaría y le preguntaran a Maximiliano. Cuando los policías llegaron y preguntaron, Maximiliano dijo, serio: "Por aquí no pasa nadie desde hace mucho tiempo." Y al escuchar aquello, de la máxima autoridad del pueblo, los policías se devolvieron.