Desde hacía una semana estaba así, acostado en la cama, sin poder levantarse y con un fuerte dolor en el pecho. Como había podido, había buscado algo de comida y agua, pero tampoco había probado bocado porque no le provocaba nada. Su perro, El Guardián, permanecía a su lado, levantando la cabeza a cada rato y viendo para todos lados como si presintiera algo.
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_¿Qué ves, Guardián? -preguntaba bajito y con dificultad el hombre. El perro veía las paredes y ladraba como si fuera capaz de ver lo invisible. Mostraba sus colmillos y se paraba, avanzando y retrocediendo con el pelaje erizado y las orejas puntiagudas. ¿Qué ves, Guardián? -seguía preguntando el hombre sintiendo un largo escalofrío que le hacía temblar todo el cuerpo.
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El hombre medio abrió los ojos que le pesaban tanto y vio que el perro estaba en posición de ataque. Recordó la primera vez que el perro había llegado a su casa, lleno de pulgas y llagas. El hombre lo alimentó, lo curó y en retribución, el perro más nunca se fue de su lado.
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El dolor se hace más fuerte y los ladridos del perro son más feroces. "¿Estás viendo lo que yo veo, Guardián?" -dijo el hombre moribundo. El perro ladra, gruñe como mirando algo o a alguien. "Han venido a buscarme, Guardián. No dejes que me lleven", dice el hombre casi ahogado con los ojos convertidos en un abismo. El perro retrocede y aúlla, mientras ve una sombra que se levanta de la cama y se va con las otras sombras traspasando las paredes.
HASTA UNA PRÓXIMA HISTORIA, AMIGOS
El Guardián (Relato corto) | Ecency
nancybriti ·
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