El expulsado
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_¿Y te acuerdas, Dolores, cuando me botaron de aquel trabajo en el que me sentía tan a gusto? ¿Recuerdas lo que te dije? Que no importaba, que vendrían nuevas oportunidades, que otros trabajos como ese encontraría en el camino y así fue. Yo sabía que mi vida no terminaba en ese instante, que cuando se cerró aquella puerta, otras mil se abrirían para mí.
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_¿Y no sé si te acuerdas cuando nos sacaron de aquel museo por ir mal vestidos? Aunque tú te indignaste, yo me quedé calmado, hasta lo tomé con cierto humor. No hice drama, ni escándalo, solo te tomé de la mano y te hice ver que aquel museo se perdía de nosotros, de nuestra mirada y de nuestra crítica. Al final te reíste porque no tuviste otra opción. Mírale siempre el lado positivo a las cosas, te dije encogiéndome de hombros ante las pequeñeces de la vida.
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_Pero hoy, Dolores, que me sacas de tu corazón, me dejas sin argumentos. Desamparado, perdido, me siento. No hallo el lado positivo a esto que estoy viviendo y si te soy sincero, con tu decisión presiento que algo o todo de mí ha muerto. Yo que me vanagloriaba de mi actitud positiva en todo momento, creo hoy que salir de tu vida es el peor de los destierros. Como Adán que del paraíso fue expulsado y por Dios fue castigado, así hoy me siento, porque qué triste es tocar tierra, después que tocamos el cielo