El Enemigo
Cuando uno de ellos se acercó a la bodega, el bodeguero le dijo que por el camino venía su enemigo, que esperara al día siguiente para continuar. El hombre hizo como que no escuchaba y agarró calle arriba. En el otro pueblo debía comprar la medicina de su hijito que estaba mal, por lo que no podía perder el tiempo: era su vida o la de su hijo. O la vida de su enemigo, en el mejor de los casos, pensó. En ese instante una bandada de cuervos cruzó los cerros y un aire caliente brotó de la tierra árida y seca como los pechos de una mala madre. El hombre llevaba un pedazo de madera con el que golpeteaba la tierra, no más. Ni un arma oculta llevaba, así que el hombre tenía la corazonada de quién podía morir.
Aquella carretera parecía un camino de hormigas de lo angosto y largo que era. Había un olor a animal muerto y no había árboles, solo piedras crecían de un lado y de otro, por lo que era muy fácil visualizar quién venía caminando por esa carretera de Dios. El hombre presintió la figura del otro y alzó la cabeza hasta ese momento baja por culpa del sol. El otro hombre también lo miró de frente e hizo como para detenerse, pero como si aquello fuera parte de su destino y también estuviera resignado, no se detuvo. En el instante que los dos hombres estuvieron lado a lado, los dos no dijeron nada, solo siguieron caminando, mirando de frente. Aquellos dos hombres, en aquel instante, sin motivo y sin razón, años después, habían declinado aquella absurda venganza o simplemente le habían puesto pausa a la muerte.
Hasta una próxima historia, amigos
*Todas las fotografías fueron tomadas y trabajadas con mi celular Blu C4CO5Ou. Android dua