Yo iba rapidito, espantándome los mosquitos que se me pegaban en las patas, cuando de repente me detuve al ver que algo se movía entre los matorrales. Al principio pensé que era un animal, pero después vi que era mi hermana Toñita cuchicheando con su novio, el que tiene cara de lagartija.
Al verme, inmediatamente me preguntaron qué hacía yo por ahí tan temprano. Al principio no les quería decir porque se suponía que mi hermana tenía que saber, pero al final les dije que iba a buscar agua al manantial para hacer la comía y que luego iba al pueblo a comprar unas cosas. Toñita, que siempre jugaba conmigo, me pasó la mano por el cabello y me pidió que no dijera nada en la casa. Luego el novio, el cara de lagartija, se metió la mano en el bolsillo y sacó un billete arrugaíto y me dijo: toma, cuñao, pa’ que compres lo que quieras. Yo le iba a decir que aquel billete no me alcanzaría pa’ nada, pero recordé que necesitaba hilo pabilo pa’ mi papagayo y lo agarré rapidito. De allí fui al manantial y luego a la casa y después bajé al pueblo. Por mi madre santa que yo no dije nada de Toñita ni de su novio, el cara de lagartija.
Cuando llegué a la casa, por la tarde, me encontré con la bullaranga. Mi hermana Toñita estaba metida en el chinchorro con una colcha encima y un pie afuera meciéndose como si nada. Mamá y papá eran los que gritaban. También los perros hacían bulla debajo de los nísperos, y hasta las moscas venían sonando atraídas por el olor a agrio y a fruta madura. Yo llegué y las cosas que traía las puse encima de unos sacos que estaban en una esquina y me agaché a mirar un caminito de hormigas que había cerca de mis pies. Agachaíto y en silencio escuché que el alcaraván había pasado la mañana cantando en el patio y que el canto tenía que ver con mi hermana. Yo no entendí mucho, pero mamá dijo que ella sabía todo por ese pájaro. Mamá pidió la muerte y se puso a llorar, mientras papá la consolaba diciéndole que todavía le quedaban tres hijas. Después de eso, mi hermana se salió del chinchorro y se fue a vivir a cinco casas más abajo, donde vivía su novio, el cara de lagartija.
Esa vez yo la recuerdo clarito porque aunque era época de sequía, cayó un aguacero que duró dos días y aunque pude arreglar mi papagayo, no pude salir a volarlo y el alcaraván dejó de cantar en mi casa.
HASTA UNA PRÓXIMA OPORTUNIDAD, AMIGOS
*La fotografía fue tomada con mi celular Blu C4CO5Ou. Android dua y trabajada en Canva